Stephen King y el gato Church. . Por Juan Calamares

En 1984 Stephen Kig escribió la que hasta hoy es su novela más famosa, Pet Sematary. El libro nos habla de Louise Creed y su familia. Juntos se mudan a una nueva casa al borde de la carrera, un peligro tanto para niños como animales, muchos de los cuales han muerto al atravesarla. Por eso, los niños de la localidad han construido un cementerio para recordar a sus amados amigos. Esta es la premisa de esta novela terrorífica y descorazonadora que nos habla de la no aceptación de la muerte. Una novela que con el tiempo se transformó en un película, en donde el personaje del gato Church adquiere más protagonismo que en el mismo libro. En la película, dirigida por Mary Lambert, tal como en el libro, el gato atraviesa la carretera con la suerte que suele esperar a estos gatos temerarios de humanos irresponsables. La hija de Louise, que es la dueña del gato, no está preparada para perder a Church y por eso su padre lo entierra en un cementerio indio, el otro cementerio del libro, que a diferencia del de mascotas, está maldito. Entonces el gato regresa. Pero el gato ya no es el mismo. Es un caminante, un remedo de lo que fue, con un alma que le pertenece al cementerio. El viejo y bueno Church está en otra parte, quizás en el paraíso de los gatos; es su cuerpo el que el cementerio ha tomado para si La película, pese a su bajo presupuesto, resulta una de las adaptaciones más interesantes de King, no solo por sus efectos especiales, sino por la buena construcción de sus personajes, sus ambientes terroríficos que transmiten todo lo inquietante de la novela y también por Church. Sobre todo por Church. Church es un excelente actor de terror, un pequeño villano que pone miradas fieras y gusta de arrojar ratones en las bañeras de sus humanos. Todo el que ha visto la película recuerda al robusto Azul de Rusia que lamentablemente no tiene un buen final. Pero no se preocupen porque en esta película no se maltrató animales y Church fue un miembro querido y modélico del equipo de rodaje. Ademas, King, admirador de Poe y artífice de muchas obras protagonizadas por gatos, comenta en su libro Mientras escribo, "Nunca le he pegado a un perro, ni mio ni de nadie". Esta declaración puede aplicarse perfectamente a los gatos.