Jodorowsky es un amante de los gatos. Por Juan Calamares

Jodorowsky es un amante de los gatos. Se fotografía con sus gatos y en el documental sobre Duna aprovecha, como el estupendo actor que es, para acariciar al gato que imprevistamente irrumpe en escena. No se se puede negar que Jodo tiene simpatía por los gatos y se dice que en los primero años setenta vivió con diez gatos ciegos. Pero al resto de los animales, Jodo no los aprecia mucho, como se desprende de su filmografía y de los happenings del Teatro pánico. En el Topo, wester metafísico, primera película de culto de la que se tenga constancia, que llenó por meses un cine alternativo de Nueva York y que fue delirada por Lennon y otros integrantes de la vanguardia de aquellos años, vemos que se dispara a un conejo. El conejo herido ramplea y cae muerto sobre las arenas de aquel extraño desierto. Hay más muertes de animales en la película, burros destripados, un borrego, cuervos, todo matizado con diálogos de pastiche de tono hinduista. En La montaña sagrada, película extraña, de inventiva barroca, que se adelanta al Fellini de Satyricón, un grupo de ranas representa la conquista de América. Los animales, tocados con penachos aztecas, deambulan sobre una maqueta de Teotihuacán. Algunos van atados por la cintura, pareciera que a punto de partirse en dos, como relojes de arena. Luego irrumpen los galeones españoles, con ranas vestidas de conquistadores y frailes y la batalla termina con explosiones donde pedazos de ranas saltan por los aires en medio de sangre falsa y real. Raras ideas para un hombre que hoy en día, lejos de ser recordado por su colaboración con Moebius, ha sido convertido en santón. Tal como su compañero de Teatro pánico, el taurino Fernando Arrabal, que en su película Viva la muerte desangra a una vaca y luego se cubre con sus pieles, en un acto que bien define las ideas materialistas de estos artistas que pasan por espirituales y no hacen más que reforzar su hedonismo. Cuando se interroga a Jodo sobre estas atrocidades cita las ideas de Bretón sobre la necesidad de la violencia en el arte y arroja perlas como que "Esos animales iban a morir de todo modos, ¿qué mejor que mejor que fuera por el arte?". No veo por qué irían a "morir de todos modos". Es una muestra más de la retórica de Jodo, que luego exige que junto a cada Mccdonald's se levante una torre, suerte de pirámide sacrifical con los huesos de los animales muertos para el consumo humano. Otro acto de psicomagia que no soluciona a la muerte de los animales y mucho menos las muertes que Jodo les inflngió para su goce estético.