La gata de colette Por Juan Calamares

Nuestros senadores han demostrado una vez más su falta de cultura y sensibilidad al rechazar la modificación de la Ley de Circo que permite los circos con animales. Estos honorables buscan perpetuar unas prácticas en desuso en el mundo civilizado, por desconocimiento y desidia. No sólo son aficionados al rodeo, los hay también progresistas e independientes. Pero en complicidad han votado en contra de la dignidad de unos animales que en nuestro país han sido desprotegidos históricamente. Animales que en ocasiones provienen del tráfico y que han sido adiestrados mediante la cohersión. Esos legisladores se suman a la rancia fanaticada de la tauromaquia española o a los funcionarios del gobierno canadiense que protegen las matanzas de focas. Estos señores de la cámara alta desean que en este septiembre elefantes, leones y otros animales exóticos, algunos pertenecientes a especies protegidas, sean vejados, mal alimentados, encadenados, amedrentados, forzados al cautiverio y humillados. Muchos de estos animales serán luego decomisados y derivados a santuarios naturales, como ha ocurrido y sigue ocurriendo. Sin embargo, este despropósito derivado de su propia decisión, no les complica en demasía. Seguramente porque no leyeron las indicaciones para modificar la ley. O, como suele suceder, porque defienden unas tradiciones que debieran de ser abolidas, como lo demuestra la tendencia mundial. En septiembre, estos honorables derechistas, izquierdistas, de todos los colores, salvo los cuatro que votaron a favor de la modificación, deberían ponerse el poncho huaso para celebrar el laceo del novillo. Todos juntos en camaradería, pues finalmente para efectos prácticos reaccionan igual. Pero es normal, considerando que la clase política, la empresarial, la dirigente, jamás ha visto a los animales como algo mas que propiedad o bien de consumo. Son una vergüenza y deberían ser enjaulados y amaestrados para el deleite de sus votantes.