Carlos Droguett Por Juan Calamares

En 1965 Carlos Droguett escribió uno de sus libros más celebres, Patas de perro, una novela que narra las miserias de Bobi, un niño que nació con patas de perro y de Carlos, el hombre solitario que lo adopta. La historia comienza un día de lluvia, y Carlos, el narrador, nos explica que escribe para olvidar, para olvidar a Bobi. Y así nos sumergimos en un mundo en donde las reflexiones de Carlos se mezclan con la vida de Bobi, de su tristeza y desamparo, y de un Santiago pobre y ruinoso, presente en todas la narrativa de Droguett, desde Eloy al Compadre. La novela, que tiene la forma de un monólogo interior, esta sumida en la tristeza y la vileza que rodea a sus protagonistas. Hay maltrato, hay crueldad y una sociedad injusta que no se conforma con excluir a Bobi, este niño que nació con patas de perro, sino que también lo maltrata y lo humilla. Bobi, como bien nos explica Droguett, no es una recreación kafkiana a la manera de Gregorio Samsa, es simplemente un niño que nació con patas de perro, un niño rubio y guapo, víctima de una malformación que bien podría entenderse como un paso en evolutivo, pues las patas de Bobi son perfectas, fuertes, de pelaje suave. Es un ser que bien podría venir de un país perdido donde hubiera muchos más como él. La novela también nos muestra la vida de los perros con quienes Bobi decide exiliarse, harto ya del maltrato al que es sujeto. Y estos perros son reales, son los mismos que vemos a diario en las calles, perros viejos, desnutridos que luchan por subsistir. Perros que se sienten muy afortunados si encuentran por ahí un resto de comida o un hueso. Perros que corren con la pata rota persiguiendo al mismo auto que los atropelló. Perros que deambulan bajo la lluvia buscando un refugio y que se resignan a dormir bajo el agua, toda la noche. Perros ateridos que viven en peladeros y corren en manada, si sentido, y que pese a todo, pueden vivir algún momento de alegría. Con estos perros Bobi comparte y descubre un sentido de integridad que no conoció en los humanos. Mientras tanto, Carlos, su padre adoptivo, para quien Bobi fue una luz de esperanza, lo busca, triste y melancólico. Su vida ya era mala antes que Bobi entrara en ella y cuando lo tuvo, cuando por fin lo tuvo, se fue, huyó para que aquel Santiago de los años sesenta no lo siguiera hiriendo. Y entonces Carlos escribió para olvidar. Patas de perro es una de las más grandes novelas escritas en nuestro país, por un escritor que siempre reflejó la pobreza, que vivió el compromiso con una sociedad injusta y que nos legó un puñado de obras grandiosas donde la búsqueda de la justicia para el hombre (y en este caso también para el perro) siempre estuvo presente.