La moral del consumo de carne Juan Calamares

Hoy se celebra el día internacional del veganismo, una filosofía anti especista, de respeto hacia la vida animal. Les dejamos algunas reflexiones sobre el consumo de carne.

La moral está determinada por unas circunstancias sociológicas, una época y un lugar en específico. Es un conjunto reglas para cada sociedad, únicas e intransferibles. Así pues, en determinado momento de nuestra historia, el consumo de carne fue un hábito necesario que no vulneraba el equilibrio natural y nos proveía de alimento. Aquel animal que proveía la carne convivía con el pueblo, era cuidado y, a veces tenía hasta un nombre. Era un símbolo, un ser admirado que evocaba cualidades que los hombres temerosos de la naturaleza querían para sí. El animal no era una cosa, era una deidad, como en el antiguo Egipto, como en Mesoamérica y cuando se lo sacrificaba se le rendían honores. La revolución industrial, sin embargo, trajo la industrialización animal, al que definió en términos jurídicos como un bien inmueble. Esto convino a los nuevos tiempos donde la explotación del todo por el todo, no daba espacio a las consideraciones que los pueblos de tradición tuvieron hacia él. Consideraciones que nos parecen absurdas, pero que en su día tuvieron especial importancia a la hora de entregar al animal un trato justo, incluso en su muerte. Pues en el pasado el animal no era condenado a vivir entre rejas, enfermo sobre sus propias heces y orines. No era un bien de consumo al que se le negara la luz del sol durante toda su vida. No era mutilado, aterrorizado, separado de sus hijos o sus madres o colgado de las patas con una grúa o quemado. En la antigüedad los animales no eran acuchillados en los ojos para moverles la cabeza de modo que fuera mas fácil degollarlos y tampoco se les cortaban los tendones para que estuvieran al nivel del matarife, para su comodidad. En el pasado comer carne era un ritual dentro de un ámbito de respeto y moralidad. Si bien es cierto que los hombres del pasado también son responsables de la extinción de especies animales, no debemos perder de vista que las causadas por la industria y la deforestación son exponenciales y que en un corto tiempo han desaparecido más animales que en la última extinción masiva. Hoy por hoy, en este mismo minuto, miles de animales, a menudo en su juventud, son masacrados luego de vivir un infierno, y todo para fomentar un consumo innecesario y satisfacer las ansias de una industria que no está por solucionar el problema del hambre y que, más aún, la fomenta elevando los precios y arrojando a la basura toneladas de cadáveres que vivieron y murieron sin razón. Todas estas atrocidades debieran ponernos en alerta a la hora de comprar la próxima pieza de carne. En ese momento deberíamos preguntarnos si su consumo, hoy en día, en estas circunstancias, con estos antecedentes, bajo ese nivel de crueldad, es correcto. Deberíamos preguntarnos si le hacemos bien al planeta, a los animales y en última instancia, a nosotros mismos. Finalmente todo lo que diga cae en saco roto si es que alguien piensa que el consumo de carne es una elección personal. Es verdad, bajo las leyes de un mercado que no tiene regla ni cortapisa comer carne es una elección personal. Es una reflexión muy fácil. Más complejo es preguntarse si es un acto moral.