El Perro de Fry Juan Calamares

En el capítulo El Perro de Fry (emitido en 2002), de la serie Futurama, Fry, un repartidor de pizzas del siglo XX revivido mil años en el futuro, encuentra en una excavación arqueológica los restos de su perro, Seymour Diera. Un perro que en el pasado lo había acompañado a preparar y a repartir pizzas, que gustaba cantar Walking on sunshine y que era su mejor amigo, como sucede con todos los perros y sus amos. Fry está emocionado ante la posibilidad de revivir a Seymour Diera pero, al examinar su cuerpo, el profesor Farnsworth descubre que Seymour vivió doce años más tras la separación de su dueño. Doce años durante los que fue un perro independiente, con recuerdos nuevos y en los que «probablemente me olvidó», concluye Fry. Si el episodio acabara así sería emotivo y esperanzador, pero no. En imágenes del pasado se muestra a Seymour Diera afuera de la pizzería esperando a Fry. Pasan los días, transita la gente, se hace de noche, caen las hojas, la lluvia, corre el viento, cortan un árbol, la nieve cubre a nuestro amigo, pasan los años... Y todo esto sucede sin que el Seymour Diera abandone su sitio, atento y vigilante, esperando el regreso de Fry. Seymour Diera se pone flaco, débil, se hace viejo. Lo vemos triste pero nunca resignado. Se acomoda en la vereda y entonces sus ojos mansos de perro se apagan y se va del mundo. Y su partida resulta muy triste pues aquel personaje de caricatura es un perro como todos: fiel hasta las últimas consecuencias, tan real como cualquier perro. En este número de La gata de Colette abundan los perros. Perros literarios salidos de las tristes páginas de una de las novelas más importantes de la literatura chilena; perros de ciencia ficción que cuentan historias a través de generaciones y generaciones; perros San Bernardo rabiosos que, muy a su pesar, resultan terroríficos. Perros reales que posan alegremente ante la cámara o perros tímidos que eluden las luces del flash. Perros grandes y perros pequeños, perros mestizos y perros finos. Pero todos con una característica en común: la fidelidad, el amor al ser humano, al que inexplicablemente acompañan desde el comienzo de la historia. No nos merecemos tanto afecto. Este número está dedicado a los perros.