María Zambrano Por Juan Calamares

María Zambrano (Vélez-Málaga, Málaga, 22 de abril de 1904-Madrid, 6 de febrero de 1991), fue una escritora y filósofa española que luego de la guerra civil partió a un exilio, cuya primera parada fue Chile. En aquellos años de fuerte compromiso con la república española, María Zambrano prologa la "Antología de poetas chilenos Madre España" que incluye a Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Volodia Teitelboim, Rosamel del Valle, Braulio Arenas, entre otros. Son sólo seis meses de estadía en Chile, el primer escaño de un peregrinaje que la llevará a recorrer América y Europa en compañía de sus gatos. Es una intelectual de peso, ha conocido a Lorca, se ha educado con Ortega y Gaset, se escribe con Camus y Lezama y hace circular sus ideas de avanzada y sus libros, pese una frágil salud que la atormenta desde niña, cuando a los tres años se le diagnostica tuberculosis e incluso es dada por muerta. Con aquellos achaques y en compañía de su hermana Aracelli, sobreviviente de un París ocupado por los nazis, se traslada de un lado a otro del gran charco: Francia, México, Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico; interminables viajes en los cuales María es acompañada por sus gatos que crecen en número y a quienes nunca abandonó. En 1949 se radica en Italia, donde convive con setenta gatos. Ellos toman sol en el techo de su casa, gruñen, se acicalan y se divierten en las escaleras, dejando sus rastros en aquel hogar pequeño con patio luminoso. Gatos romanos comunes y corrientes de nombre Rita, Tigra, Blanquita, Lucía y Pelusa. Cuenta María que la denunció un hombre de bigotito, un militar, un ex juez o algo así, uno de esos hombres de orden, que airado por la sola presencia de los gatos acudió a las autoridades. Ciertamente son otras razones las que llevan al gobierno a no prolongar su permiso de residencia, sin embargo, María debe partir a Suiza, ahora sólo con trece de sus gatos, aquellos gatos que para ella representan la independencia, la libertad, el carácter, la autonomía y quizás el reflejo de la sociedad que deseaba. Se cuenta que ya en España, María pide que entierren en el jardín de su casa a Rita, bajo un cedro, que Tigra vivió hasta los 19 años y Blanquita hasta los 15. Y que Lucía y Pelusa, que eran hermanas de color gris, sobrevivieron a su muerte. María Zambrano recién recibe el premio Príncipe de Asturias en 1981 y luego de medio siglo de exilio regresa a España, en el año 1984, con sus gatos. Continúan los premios tardíos, entre los que cabe destacar el Cervantes y a los 87 años, continuando su actividad intelectual, muere en Madrid. Maria Zambrano está enterrada en su pueblo natal Vélez-Málaga, entre un naranjo y un limonero, junto a su madre y su hermana. La tumba es visitada por decenas de gatos, aquellos lúcidos e independientes que ella admiró, aquellos a los que defendió y que la acompañaron durante sus años de exilio. En los cementerios abundan los gatos y se sabe que buscan las tumbas que están a pleno sol, pero no deja de ser curioso que acudan en profusión a la tumba de María Zambrano.