Carla Christie Remy-Maillet, bióloga marina: «Falta incrementar la educación sobre la biodiversidad marina»
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Carla Christie Remy-Maillet, bióloga marina: «Falta incrementar la educación sobre la biodiversidad marina»
Por Pablo Rumel Espinoza

¿Se imagina que en nuestro emblema nacional luciera un delfín en vez de un huemul o un cóndor? No sería una propuesta fantasiosa si existiese mayor difusión respecto a la existencia del delfín chileno, el único cetáceo totalmente endémico de nuestro país. Y para saber más sobre este singular mamífero marino, sostuvimos una grata conversación con Carla Christie Remy-Maillet, bióloga marina por la Universidad Austral, quien ha trabajado por más de diez años en divulgación científica, investigando la relación entre la educación y las ciencias del mar en el sistema escolar chileno. Además, ha colaborado en la Fundación Oceanósfera, con la ONG Alerce y con la ONG Yaqu Pacha Chile, con quienes comenzó su proyecto Navega con el Delfín Chileno, del programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, trabajo que tiene como meta crear un libro digital de cuentos. El trabajo que queremos destacar es su libro El delfín chileno (Ediciones UACh, 2015), ideal para adentrarse en el maravilloso mundo de nuestro delfín, tan poco conocido.


¿Qué busca comunicar el libro El delfín chileno?


El objetivo de este libro es presentar al delfín chileno y a su vez tratar de encantar al lector con el mundo marino y demostrar que sí se puede hacer investigación en un área tan poco conocida en Chile. Para organizar el libro, me centré en aclarar las preguntas que siempre me hacen tanto grandes como chicos en las charlas: ¿qué son los delfines?, ¿cuántos se pueden ver en Chile y dónde?, ¿son lo mismo que las toninas?, ¿cómo duermen?, ¿por qué saltan? El libro lo estructuré en capítulos cortos e independientes con todo lo que sabíamos del delfín chileno hasta la fecha: dónde vive y, específicamente, qué lugares prefiere, cuántos hay, qué come y cómo se puede estudiar y preservar.


¿Qué ocurre con el estudio de la fauna marina en Chile?


En general, los estudios son pocos en comparación con los de los animales terrestres, pero en Chile sí hay muy buena investigación marina, el problema es que queda restringida en el círculo de la Academia y no llega al común de las personas. En el caso del delfín chileno, pasaron más de cien años para que lo nombraran así, porque antes solo se tenía información de delfines muertos, ya sea varados en la playa o atrapados en redes de pesca, y como la piel de los delfines se vuelve negra al morir, entonces los llamaban delfín negro o tonina negra. Y, efectivamente, hubo poca investigación específica sobre el delfín chileno por muchos años, esto porque viven en lugares particulares (en parches, no de forma continua a lo largo de la costa chilena), son pequeños (se ven poco visualmente en la superficie) y, además, hay pocos, entonces la gente no los veía, no les tomaba atención, no los estudiaban.


¿Cómo podría mejorar su estudio y divulgación?


En Chile, en el estudio de delfines y cetáceos en general, las debilidades son principalmente el financiamiento y el acceso logístico para poder investigarlos. Como somos un país muy largo, la morfología de la costa también cambia y hay muchos sectores donde aún no hay acceso por tierra (en los fiordos y canales de Patagonia), entonces se necesitan embarcaciones, puntos de observación fijos, observadores científicos, entre otros. Además, dependiendo de la pregunta científica que se quiera responder, para poder tomar datos robustos sobre una población de delfines, se necesita años de datos, y eso es muy costoso. Actualmente, en la ciencia que trabajo asociada a los delfines, son ciencias sociales, estudio el vínculo de las personas con el mundo marino; y para esa área de las ciencias lo que falta es mayor educación y comunicación de la biodiversidad marina chilena, que se nos enseñe más sobre el mar, sobre las especies que podemos encontrar en la playa, sobre por qué es importante tener vedas y por qué los peces o moluscos deben tener un tamaño mínimo para poder ser extraídos, entre otras cosas.


¿Cuál es el campo de trabajo de un biólogo marino?


El campo es bien amplio, porque se puede trabajar tanto en laboratorio como en investigación aplicada, en servicios públicos, empresas, universidades, ONG y otros, lo que involucra la opción de tener distintas habilidades y preferencias.


¿Qué consejos le darías a alguien que se interesa por el área?


Lo fundamental es ser apasionados por la naturaleza, tener una conexión con el mar, querer cuidarlo, descubrir más, preservar nuestro mar, ecosistemas y especies para el futuro. Es impresionante lo mucho que dependemos del mar, ¡pero no lo sabemos! Cerca de la mitad del oxígeno que respiramos proviene del océano (de las algas y microalgas), y también absorbe cerca del 40 % del dióxido de carbono que producimos como humanos; además de regular el tiempo y el clima, nos da alimento, trabajo y bienestar tanto recreacional como cultural.


¿Qué opinas de los delfines que están en cautiverio y son exhibidos en espectáculos?


Es un tema complejo de abordar porque los delfinarios por mucho tiempo se usaron para generar un nexo más cercano con las personas y fomentar mayor interés y ojalá cuidado con los animales. Pero en mi opinión, es una práctica que está obsoleta y que debería eliminarse, ya que los delfines sufren mucho en cautiverio. Está demostrado que se estresan demasiado con el sonido que rebota en las piscinas, con el encierro, con la poca capacidad de socializar con otros individuos de una población. Es negativo en muchos aspectos. Imagínense la libertad que tiene un delfín en su ambiente natural y cómo cambia su mundo en una piscina, encerrados. Con los años se ha cambiado a la observación de delfines en la naturaleza (whale or dolphin watching), una actividad que trae muchos beneficios económicos en diversas partes del mundo, que además incentiva a las personas a salir de su zona de confort, a vivir la experiencia de navegar y darse cuenta de que la naturaleza no se puede manejar, ya que en muchas ocasiones no se ven delfines.


El delfín chileno se caracteriza por sus juegos y también por tener múltiples parejas, ¿cómo se estructura en sociedad?


Todos los delfines son muy sociables, interactúan mucho entre ellos, así crean lazos y aprenden a vivir en sociedad. El delfín chileno en particular tiene una organización social del tipo «fisión-fusión» (esto lo investigué para mi tesis de pregrado con cuatro años de datos), que significa que en una población se mezclan constantemente, se juntan, se separan, se vuelven a juntar, pero con otros. Entonces no es un grupo estable de los mismos individuos en un grupo para toda la vida (como ocurre con una población de orcas en Canadá), sino que están en constante mezcla entre ellos dependiendo de la actividad que estén realizando (los chimpancés tienen también esta forma de organización). Para el delfín chileno no sabemos si hay un macho alfa, pero en otros delfines existe matriarcado.


Respecto a las crías, ¿a qué edad alcanzan la juventud, su adultez y luego su vejez?


La protección de las crías se atribuye a la hembra, ya que por años está junto a su cría, la amamanta por un largo periodo, nadan de forma sincronizada mientras son crías y se mantienen cerca por años en el mismo grupo. Para el delfín chileno aún tenemos poca información, solo sabemos que la época de crías es entre noviembre y abril. La mayoría de la información de delfines es obtenida en cautiverio con delfines nariz de botella, ya que ahí los podían monitorear por años. En general, el cuidado maternal es prolongado y hay registros excepcionales de delfines en la naturaleza de hasta nueve años juntos madre y cría. Los delfines se reproducen lento comparados con otras especies, son maduros sexualmente entre los cinco y doce años de vida y solo tienen una cría por vez, y como tienen cuidado maternal prolongado, generalmente tienen crías con intervalos de dos, tres o más años. Son animales longevos, viven aproximadamente entre cuarenta y sesenta años dependiendo de la especie.


¿Cuál es su población total en nuestras costas?


Aún no existe una estimación de abundancia total del delfín chileno a lo largo de su distribución desde Valparaíso a Cabo de Hornos, pero sí surgieron dos estudios de abundancia parciales en algunos sectores, pero que aún no están cerrados y publicados abiertamente: un fondo del Gobierno de Chile FIPA —Fondo de Investigación Pesquera y de Acuicultura— y otro de la Comisión Ballenera Internacional (X y XI Región).


¿Es posible dilucidar cuál sería el impacto en el ecosistema si su población se extinguiese?


Es difícil poder evaluar un impacto tan grande porque el impacto depende del sector donde viven, del ambiente y del ecosistema en particular. Como los delfines chilenos son muy residentes de los lugares donde viven (se mueven pocos kilómetros), los impactos en términos de ecosistema serían distintos si ocurren en una bahía en Chiloé, en un fiordo en archipiélago de los Chonos, en la costa abierta de Concepción o en la zona de glaciares de la laguna San Rafael (sí, hay delfín chileno ahí, al lado del glaciar). Pero si los delfines chilenos se extinguiesen, perderíamos al único cetáceo endémico de Chile, un depredador tope en la trama trófica costera.


Además de la actividad de la pesca indiscriminada y no reglamentada, ¿qué otros peligros sufre el delfín chileno?


La principal amenaza del delfín chileno y de todos los delfines en el mundo es quedar enredados o enmallados en las redes de pesca, ya sean redes comerciales, de pesca artesanal e incluso en redes loberas de las salmoneras (redes que rodean las balsas-jaulas de salmones en el mar, para evitar que los lobos marinos entren a comer al cultivo de salmones). Otros peligros son la competencia indirecta por espacio con cultivos marinos, tales como salmoneras y cultivos de choritos, ya que utilizan las mismas áreas de preferencia en la costa (zonas protegidas del viento, de poca profundidad, cercanas a la costa), además de la contaminación acústica por el sonido del tráfico de embarcaciones y de la contaminación en el agua que puede causar enfermedades en la piel, al igual que los efectos en la piel por el cambio climático (salinidad del agua), cambios en su dieta, entre otros. Otro peligro que poco se evalúa es no educar y no conocer a la especie. Esto también es una amenaza, ya que las personas protegen lo que conocen y la ciudadanía empoderada tiene el valor para poder luchar por la conservación de una especie o una zona costera, tal como ha ocurrido con isla Damas y Punta de Choros (reserva del pingüino de Humboldt). Para protegerlo se pueden hacer muchas cosas. Primero educar, difundir, comunicar; luego invertir en la investigación para poder tener mayores antecedentes para su conservación más eficiente. Tomar medidas de conservación de orden político y territoriales, proteger sectores para su conservación dentro de planes de zonificación del borde costero, tener mayor registro y fiscalización de enmalles de delfines o caza, tomar medidas específicas de tráfico de embarcaciones y velocidad en sectores donde existen poblaciones residentes, entre otras.


¿Has tenido alguna experiencia increíble, conmovedora o fuera de serie con algún animal?


Claro que sí, muchas experiencias increíbles. Por ejemplo, en Chiloé, mientras hacíamos nuestras navegaciones de investigación, presenciamos una cría recién nacida de delfín chileno, aún arrugada de estar apretada en el vientre de su madre, flotando como un corcho sin poder nadar con fluidez y respirando de forma agitada; estaba rodeada de tres delfines que seguramente eran la madre y otros dos delfines que protegían a la cría. Nosotros, al darnos cuenta, apagamos el motor y muy silenciosamente tomamos algunas fotografías y nos fuimos para dejarlos tranquilos, fue un momento muy, muy especial. También en Punta Arenas, cuando era estudiante, tuve la oportunidad de trabajar como voluntaria en un estudio de delfines, y una vez estaba en el agua con un colega, lista para bucear con snorkel, cuando de pronto llega un grupo de ocho delfines australes, y obviamente me dio mucha emoción, pero también adrenalina, porque es distinto verlos ahí mismo dentro del agua, en su medio, que desde un bote (miden dos metros aproximadamente y son bastante robustos). Los delfines se acercaron a mirarnos manteniendo unos metros de distancia, pero de repente uno de ellos nadó muy rápido y fuerte directo hacia mí, y luego giró rápidamente sin tocarme ¡yo quedé inmovilizada y asustada! Pero eso fue todo y después se alejaron. Mi profesora que estaba en el bote me dijo que lo más seguro era que el delfín estaba probando si yo era un animal de peligro para el grupo.