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EDITORIAL


EDITORIAL

El especismo es un término de connotaciones similares al racismo, que se define como «la discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores» o «la creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio». Antes de la concepción de este término, ya se sabía que la mayoría de los animales tenían un sistema nervioso complejo que les permitía sentir dolor, razón más que suficiente para condenar el maltrato animal. Sin embargo, fueron autores antiespecistas, como Peter Singer, con libros como Liberación animal (1975), quienes instalaron el debate acerca de la autenticidad de una jerarquía «natural» que pone a los seres humanos por encima de los animales. Una argumentación básica que pone en entredicho la tradicional afirmación de Descartes, que consideraba a los animales unos autómatas sin alma, manifiesta que es falso que los animales no posean cualidades como la racionalidad (véase la Declaración de Cambridge, que concluye que los animales no humanos tienen conciencia) o un lenguaje rudimentario. Y también afirma que no todos los humanos poseen estas capacidades, puesto que las personas con senilidad avanzada, discapacidad intelectual o los niños pequeños, carecen de estos atributos y no por ello se les niega un estatus moral o sus derechos inherentes, como el de la vida. Quienes defienden la superioridad del Homo sapiens como la especie superior, sostenienten que todas las especies vivas colocarían, si pudieran, la suya por encima de las otras por razones de mera subsistencia. Esto es radicalmente cierto. Sin embargo, si aceptamos, como postulan los defensores del especismo, que somos moral e intelectualmente superiores y que hemos transformado el mundo a nuestra medida, pasando de ser una especie indefensa a una de las más exitosas del planeta, quizás debiéramos poner estas capacidades al servicio del resto de los seres vivos, con quienes compartimos el planeta. Fue este mismo tipo de proceso de transformación mental el que acabó por abolir la esclavitud. Este es el primer número de La gata de Colette que se publica con el apoyo del Fondo del Libro, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Es para nosotros un gran orgullo contar con este reconocimiento que, sin duda, ayudará a promover nuestra particular visión de los animales como protagonistas de las Artes, las Letras y la Ciencia.

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