El juego de las bestias: un policial singular
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El juego de las bestias: un policial singular
Por Valentina Uranga

Pablo Rumel Espinoza (1983) publica su quinta novela, enmarcada en un trabajo autoral que ha venido gestando hace más de diez años, con obras emparentadas al género negro y la ciencia-ficción, pero también en lo que se ha denominado como weird fiction, etiqueta anglosajona en discusión, si consideramos que en Hispanoamérica existe una larga tradición fantástica de literatura extraña que tuvo sus primeros avances en las épocas de las vanguardias históricas, y que alcanzó su máximo esplendor en los últimos decenios del siglo pasado con el Boom.


En El juego de las bestias, aparece la figura clásica del investigador, en este caso un periodista de un diario amarillista, quien debe indagar sobre la existencia de un monstruo subterráneo, acusado de tropelías tan extrañas, como querer manejar a los poderosos a través de poderes telepáticos. En la portada del libro, observamos a un hombre enmascarado como cerdo, que se relaciona con el epígrafe (que abre el libro), del poeta alemán Gottfried Benn (1886-1956): “La corona de la creación/, el cerdo, el hombre”. Pero la relación no acaba ahí: en la novela —escrita con un lenguaje punzante y cínico—, se nos relata la historia de una persona con malformaciones conocida como “el hombre chancho”, debido a sus rasgos físicos, la cual alguna vez fue pan y circo de medios inescrupulosos que explotaron su condición con tal de vender más ejemplares. La novela establece una relación con el animal desde la bestialidad y el morbo, no en este caso por una condición inherente del cerdo, sino por la hipocresía y la maldad de quienes lo explotan inescrupulosamente, pues al contrario de la ignorancia, que se manifiesta por desconocimiento, la maldad se vale de todos los medios disponibles de forma razonada.


La novela se estructura en dos partes; en la primera —narrada en tercera persona—, asistiremos a la indagación del periodista, quien en su afán por llegar a la verdad se apoyará en un informante de dudosa reputación y en una prostituta VIP; además rastreará las huellas de una peligrosa secta satánica con conexiones en esferas de poder; la segunda parte, narrada en primera persona, es la indagación de la indagación; un nuevo personaje toma las riendas del caso del periodista, investigación que lo conducirá a resolver el enigma, que como en la carta robada de Poe, no estaba muy lejos, no era difícil, después de muchos años de rondar en torno a la solución.


Ya en las páginas finales, vuelve a emerger la figura del cerdo, esta vez como una figura vengativa, dando al libro un curioso giro súperheroico, que cerrará los cabos propuestos por la novela de una manera muy original. En resumidas cuentas, El juego de las Bestias, es una novela que escrita dentro de un marco realista, tiene altos grados de originalidad, al plantear de forma racional hechos paranormales, que como bien sabemos, siempre detrás de ellos existen trampantojos e intereses, que desde algún refilón o vericueto es posible desnudar.