Elba Muñoz, directora del Centro de rehabilitación y rescate de primates Peñaflor: «El mono rehabilita al mono»
Home » Entrevistas  »  Elba Muñoz, directora del Centro de rehabilitación y rescate de primates Peñaflor: «El mono rehabilita al mono»
Elba Muñoz, directora del Centro de rehabilitación y rescate de primates Peñaflor: «El mono rehabilita al mono»
Por César - Fotografías por Sofía Garrido P.

Elba Muñoz es la creadora del Centro de rehabilitación y rescate de primates Peñaflor, que desde los años noventa acoge y rehabilita monos —de diversas especies— maltratados. 


Apenas uno entra al Centro, advierte que todo está hecho para los monos. Hay jaulas en altura, unidas estratégicamente por túneles para que ellos puedan transitar libremente de un extremo a otro. Tienen sus propios espacios de esparcimiento, de comunión, de privacidad y están rodeados de un pequeño bosque que les recuerda sus queridos días de libertad. 

Todo comenzó en el año 1994, cuando a casa de Elba llegó un pequeño mono llamado Cristóbal, propiedad de un vecino que necesitaba deshacerse de él. Elba lo recibió y lo integró a su familia. Cristóbal retozaba junto a los jóvenes hijos de Elba. Se ponía al final de la fila cada vez que se organizaba un juego; pedía que le lavaran las manos antes de comer, igual que los niños; abría la puerta cuando llegaba el padre de Elba, para darle la bienvenida. Era un niño más en la casa. Con el tiempo la noticia de Cristóbal se esparció por Peñaflor y Elba llegó a tener cinco monos que vivían en libertad al interior de su casa. Luego llegaron más monos y finalmente fue el propio Servicio Agrícola Ganadero (SAG) quien le preguntó a Elba si podía recibir simios decomisados. El resto es historia: Elba acabó construyendo, a pasos de su casa, el Centro de rehabilitación y rescate de primates Peñaflor, que, al día de hoy, acoge a 170 simios en proceso de rehabilitación.
convertido 24nov_114

VISITA 


Al llegar al Centro nos encontramos con Lunita, una pequeña mona ardilla a la que le amputaron la cola y un brazo cuando estuvo recluida en un zoológico de Iquique, debido al ataque de perros y a malas prácticas de las que el SAG no se percató. Lunita, sin embargo, vive feliz en su nuevo hogar y se las arregla para saludar a las veterinarias inclinando la cabeza para que le den un beso. Hernancito es su hermano adoptivo, otro monito ardilla que corre feliz por sus túneles, mostrando orgulloso su peluche, que no es un juguete, sino un sustituto materno, pues Hernancito, al igual que la mayoría de los monos del centro, fue privado del vínculo con su madre. 


Es mediodía y acompañados por algunos de los cuarenta perros rescatados que viven en el refugio, participamos del almuerzo de los monos. Las veterinarias y voluntarios del Centro distribuyen fuentes con frutas y verduras. Todos los monos reciben su almuerzo con entusiasmo y los de un extremo le avisan a los del otro que la comida está siendo servida. Es todo un espectáculo. Sin embargo, muchos de los primates del Centro jamás habían comido una fruta hasta vivir allí. Solo se alimentaban con sobras o comida para perro. Y es que casi todos los monos del recinto fueron requisados a circos, zoológicos y a casas particulares en donde recibieron maltrato, reclusión e, incluso, ataques sexuales. Algunos llegaron al Centro con problemas de alcoholismo, de drogadicción; otros, como los rescatados del circo Los Tachuelas, jamás habían pisado la tierra, pues vivían en una jaula de metal. 


Recorremos el Centro. Los más divertidos con nuestra presencia son dos monos araña que habitan una gran jaula que dice «Gemelos». Con sus largos brazos realizan todo tipo de malabares para llamar nuestra atención. Saltan, se cuelgan, hacen morisquetas y finalmente se acuestan en sus túneles para observarnos, preguntándose quiénes somos. Cuando se dan cuenta de que no constituimos peligro, pues estamos junto a las veterinarias, pierden interés en nosotros. Hay otros monos, en cambio, que dependen de nuestra aceptación y sacan su mano para saludarnos. Esto es un signo de humanización, es la rutina para la que fueron preparados. Los monos que saludan son los que menos han disfrutado de un entorno natural. Ellos aún no están rehabilitados del todo. El objetivo es que vuelvan a ser salvajes y que se relacionen con los suyos, sin depender del ser humano. Pues, como nos dice Elba, «el mono rehabilita al mono».

convertido 24nov_62

CADENA DE LA MUERTE 


Todos estos monos (papiones, araña, ardilla, capuchinos) son el resultado de lo que Elba llama «Cadena de la muerte». El primer eslabón de la Cadena de la muerte es la supervivencia de la especie en su entorno natural: el macho alfa divisa una fruta madura en un extremo de la selva y dirige su manada hacia ella. Aquella manada está compuesta por él mismo, por los machos importantes que protegen a las hembras y a las crías, y por los machos adolescentes que van a la retaguardia. Durante el viaje para conseguir dicha fruta, un águila puede robarse una cría de la espalda de su madre o un fuerte viento puede derribar a un cachorro desde un árbol de treinta metros. A estos peligros naturales, se suma la intervención de los cazadores, que en principio matarán a los monos para comérselos y luego buscarán a los cachorros, que son su principal trofeo. Para conseguir al cachorro atacarán a los machos alfas, luego a los jóvenes y finalmente a las hembras. Los machos alfas que hayan sobrevivido atacarán a los cazadores y serán acribillados. Las hembras que hayan sobrevivido huirán a los árboles con sus crías y desde el suelo serán baleadas. Algunas serán heridas y se desplomarán; otras agonizarán por días; otras morirán, pero quedarán enganchadas a las ramas de aquellos árboles enormes con sus colas prensiles. Los cachorros sobrevivientes de toda esta masacre serán los más fuertes, los más ágiles, los privilegiados con la mejor carga genética; serán, como dice Elba, atletas de la selva condenados, tristemente, a vivir en cautiverio. 


Afortunadamente, Elba nos dice que hoy en día la gente está concientizada con respecto a estos animales. Saben que es ilegal tenerlos y que son los propios niños quienes rechazan este tipo de actividad. Tanto así que desde que Elba comenzó su trabajo, el tráfico de primates ha bajado en cerca de un noventa por ciento.

convertido 24nov_115

COMPORTAMIENTO 


«Los monos son muy parecidos a nosotros», nos dice esta matrona que ha compartido veinticuatro años con simios de diversas especies, estableciendo un lazo profundo, muy parecido al de una madre con sus hijos. Ella ha contemplado en los simios emociones como la vergüenza, la bondad, la colaboración, una serie de conductas que suponíamos propias de la cultura, cuando en realidad son heredadas de la naturaleza. Muchos psiquiatras visitan el centro para realizar observaciones que redunden en el análisis del comportamiento humano. Sin embargo, nos dice Elba, estas actitudes están poco estudiadas y deberían profundizarse más. 


Estefanía, una de las veterinarias del Centro, nos cuenta que conocer a un mono es tan difícil como conocer a un humano y que una sola visita no basta para entender su complejidad. Al comienzo, el mono no se da: te puede mostrar una cara, pero en realidad está evaluándote y eres tú quien debe ganarse su confianza. Es solo al cabo de por lo menos un año, cuando recién conoces todos los matices del mono, sus deseos, sus intereses y su sensibilidad.

ZOOLÓGICOS 


Paseamos libremente por el Centro disfrutando de las ocurrencias de las distintas especies de simios que habitan el lugar. Sin embargo, esto no es un zoológico, es un santuario, y a pesar de que se realizan visitas guiadas por la propia Elba o alguna de las veterinarias, estas no persiguen fines de lucro y tiene un carácter educativo. En este sentido, Elba es muy crítica con los zoológicos que persiguen fines de lucro, pues exponen a los animales a terribles condiciones de maltrato, al no considerar su hábitat. El orangután del zoológico de Buin, nos dice Elba, está confinado a vivir en un espacio sin árboles, siendo que orangután significa —literalmente— hombre del bosque y que necesita trepar, pues su principal medio de locomoción son los brazos. El orangután del zoológico de Buin, continúa Elba, se exhibe de esta manera pues lo que se persigue es que el público lo vea. Este animal, concluye, además de estar sufriendo, al verse obligado a usar sus extremidades inferiores, deberá someterse en un futuro a un trasplante de cadera. 


Sin embargo, este es solo uno de los muchos casos de negligencia que Elba nos relata a lo largo del recorrido. Negligencias y desconsideraciones por parte no solo de zoológicos y circos, sino de los propios organismos gubernamentales destinados a la protección de animales en cautiverio, así como de jueces y fiscales.


Elba Muñoz puede realizar estas acusaciones con toda propiedad pues a lo largo de estos veinticuatro años ha creado un «paraíso para los monos en cautiverio», como afirmó la mismísima Jane Goodall, en una carta que le escribió. La prestigiosa primatóloga ha compartido con Elba en diversas ponencias internacionales y hace años visitó el Centro. Según Elba, Jane es una mujer que sufre constantemente por las condiciones de los animales, pero se quedó un día completo en el Centro de primates, compartiendo —fascinada— con los monos y los perros rescatados que la acompañaron durante la jornada. Jane, nos dice Elba, fue muy feliz de visitar el Centro y hay fotos que atestiguan su alegría, esa alegría que le es tan esquiva a los que sufren por el dolor de los animales.

Jane y Familia

Fotografía entregada por Centro de Primates

PARAÍSO DE LOS SIMIOS 


Cuando termina el almuerzo podemos ver a los monos reposar, retozar y acicalarse. Es a esta hora cuando somos testigos de un momento maravilloso. Observamos a una mona araña con su pequeña cría. Un bebé de grandes ojos curiosos que, abrazado del cuello de su madre, nos observa y permite que lo fotografiemos. Es un cachorro que a pesar de no vivir en su entorno natural tiene el privilegio de ser criado por los suyos y de recibir la enseñanza adecuada que lo convertirá en un verdadero mono araña, pleno y protegido, que disfrutará de este «paraíso para los monos en cautiverio», como definió Jane Goodall al Centro rehabilitación y rescate de primates Peñaflor.