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Entrevistas


ALBERTO ROJAS, ESCRITOR:

«LOS GATOS SON MUY SENSIBLES A TU
EMOCIONALIDAD»

Por Luis Saavedra

Alberto Rojas (49) es escritor y cientista político, creador del mundo fantástico de Kalomaar. Su último libro es la novela histórica El secreto del Dresden (Ediciones B, 2017).




¿Cuál es tu relación con el mundo animal?
Recuerdo un pastor alemán, en casa de mis papás, en los setenta, y tuve muchas tortugas de tierra, animales que hoy no se comercializan, para su protección, pero que en esos tiempos se vendían. Después, ya casado, con mi esposa adoptamos dos quiltros chilenos con los que disfrutamos muchísimo, Jack y Bonnie. Bonnie falleció el 2012 y desde ahí sufrimos una extraña transición hacia los gatos. No tenía experiencia con ellos. En mi familia no hubo nadie que los hubiese tenido. Desde que fallecieron mis perros, tenemos cuatro felinos. Los dos primeros regalados y los dos siguientes llegaron el año después a la casa de una amiga de mi señora. Ella me llama y me cuenta, y yo le digo que ya teníamos dos. Me lo pensé y le dije: «¿Sabes qué más?, ¡tráemelos!», y me dice que ya iban arriba del auto. Así que tenemos estos cuatro.

¿Fue una transición difícil?
  A mí me tomó un tiempo, porque no tenía antecedentes de cómo convivir con ellos. Porque a los perros les puedes enseñar rutinas y costumbres, pero a un gato no se les entrena o somete a rutina alguna. En el camino me di cuenta de que te transforman. Te adaptas. Todos esos memes de estar en la cama con un gato atravesado son ciertos y lo hemos ido descubriendo en el camino. Ha sido muy entretenido, son más inteligentes de lo que creemos y una gran compañía. Yo te diría que los perros son muy leales y todoterreno, son muy compañeros en el mundo outdoor. Los gatos no, pero son muy sensibles a tu emocionalidad. Cuando llegas cansado, los gatos te acompañan mucho. Mi esposa tiene una enfermedad neurodegenerativa y cuando ella se siente mal, los gatos se le acercan. Como que perciben tu campo “energético y actúan en función de ello.



Desde tu faceta de cientista político, ¿puedes decirme si existe algún movimiento a favor de los derechos animales a nivel global?
Primero, no estoy interiorizado en el tema, pero mi sensación es que los derechos animales no están en la agenda de ONU. Es la ciudadanía la que ha impulsado movimientos de derechos animales en diferentes países, que presionan a nivel local para escalar el tema a un ámbito global. Chile ha tenido una evolución: los animales no tenían nada, ni cuidados mínimos, y hemos evolucionado para incorporarlos a la sociedad, más allá de la figura de la mascota que es reemplazada cuando fallece o se pierde. Hay preocupación por ellos, por su salud y su alimentación, y esto demuestra un cambio de mentalidad. Es probable que en Chile haya ocurrido más lento que en otros lugares, pero vamos en la dirección correcta. A partir de 1948, tenemos la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se convierte en un punto de partida para todos. Uno ve en las noticias que se habla equivocadamente de inmigrantes ilegales. En realidad es un inmigrante indocumentado, pero que es un sujeto de derecho permanente. Yo creo que así mismo aspiraremos a una carta de Derechos Animales que garantice estar frente a un ser vivo inteligente. En el mundo del Derecho, los animales son objetos sin derechos, ni sensibilidad ni inteligencia. Creo que este enfoque debe evolucionar por casos emblemáticos, como el de Hachiko, o por los de animales de asistencia, como los perros lazarillos. Hoy hay muchos espacios amistosos con los animales, como el transporte público al que puedes acceder con tus mascotas o con perros guías. Fueron difíciles de ganar, pero se abrieron debido a que la ciudadanía los pidió y peleó por ellos. Yo me imagino que a futuro tendremos un pacto de igualdad, incorporaremos a los animales a nuestra sociedad. La misma definición de «animal» tendrá otra connotación.

ALBERTO ROJAS, ESCRITOR:

«LOS GATOS SON MUY SENSIBLES A TU
EMOCIONALIDAD»




Como escritor, tienes dos facetas interesantes: la de la novela histórica y la de la fantástica.
Comencé escribiendo fantasía y ciencia ficción. Ingresé por dos caminos distintos. El primero fue Conan (publicado en 1932, como relato), de Robert E. Howard, que me fascinó desde el cómic, y luego por las novelas. Es una idea extraordinaria, entre la Prehistoria y el Clásico. La Edad Cimmeria, en honor a la ciudad natal de Conan, coincide con el hundimiento de la Atlántida. La otra historia fue Elric de Melniboné (1972), de Michael Moorcock, y otros héroes del Multiverso, donde por primera vez oí sobre ese concepto. Las novelas de Elric son distintas de la fantasía normal, tienen un tono más oscuro. Mi fascinación con la fantasía parte con estos personajes. Entonces pensé, ¿y si yo creara un mundo propio? Fue así cómo nació Kalomaar, que inicié en 1995. Publiqué La lanza rota en 2007 y La Hermandad del Viento, en que demuestra que lo reflotaron, lo embarcaron hacia Valparaíso y ahí su pista se pierde para siempre. Imaginé a un joven oficial chileno que se obsesiona con la idea de hallarlo. El episodio da para una novela y, conversando con mi editora, asumí que quería escribir una novela histórica. Y salió la idea del submarino alemán Dresden, que yo conocía desde muy chico. Me fascinaba la idea de que un pedazo de la Primera Guerra Mundial estuviera acá en Chile. El capitán Lüdecke lo hunde en la bahía de Cumberland, en la isla Juan Fernández, para no entregarlo. Está a setenta metros de profundidad, lo cual es un buen panorama para todos los amantes del buceo. A mí me interesó rescatar el mito de que a bordo había un tesoro desde la época en que el Dresden estaba en las costas de México, al final de la revolución mexicana. Fue una experiencia muy entretenida, va en su tercera edición y me abrió una faceta que estamos trabajando para fines de este año, un libro también histórico, relacionado con ciertos misterios que tienen que ver con los libros que Chile se trae desde la Biblioteca Nacional del Perú, en Lima, durante la ocupación. Y después de varios thrillers históricos, con una idea que trabajé en 2014, volveré a la ucronía.



2009. En 2011, La sombra del fuego fue mi primer acercamiento al tema histórico, pero en clave ciencia ficción. Para poder escribir esa novela tuve que hacer mucha investigación histórica: nombres, costumbres, cosas de ese tipo. Hacía viajar al teniente Bello en el tiempo, a un universo en estética steampunk. Siempre me ha gustado esta estética, que se ubica en la segunda mitad del siglo XIX, época de grandes viajes y exploradores, que recoge de forma muy notable Julio Verne en La vuelta al mundo en ochenta días. Phileas Fogg tiene el dinero para ir a explorar una ciudad perdida, no solo en función de la propia fama, sino de la corona británica. El steampunk entra en este juego y aunque es muy europeo, ha tenido un buen desarrollo en Estados Unidos y también a nivel latinoamericano. Volví al mundo de Kalomaar con una saga nueva: El Medallón del Sol Negro (2014) y La venganza de la reina (2015), que se desarrollan cinco años antes. Luego recibí una invitación para integrar una colección de historias sobre la Guerra del Pacífico. Yo participo con un cuento llamado «El Toro», sobre un submarino que Perú desarrolló pero hunde en El Callao. En medio de la ocupación chilena se envía una misión para encontrarlo. Obtuve documentación extraordinaria

  • Revista Mayo 2019

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