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Entrevistas


JOSÉ MAZA, ESCRITOR:

«CREO QUE EL SER HUMANO EN LOS ÚLTIMOS CIENTOS O MILES DE AÑOS, HIZO COSAS QUE NO SON MUY LOABLES CON LOS ANIMALES»

Por Luis Saavedra
Fotografías por David Azocar

José María Maza (71) se ha transformado en una estrella pop en el casi despoblado cielo de la divulgación científica en Chile. Doctor en Astrofísica

Y Premio Nacional de Ciencias exactas, ha entrado en las letras chilenas por la puerta grande con su último libro, Marte: la próxima frontera (Planeta, 2018).

—¿Cómo es su relación con el mundo animal, especialmente con su perrita?

Aquí anda al lado mío. Es una perrita ovejera shetland, tiene ocho años y duerme arriba de mi cama o a los pies. Está todo el día aquí; uno le hace cariño y se da vueltas y vueltas. Así que, para mí, los perros son una compañía fundamental. A esta perrita, le da susto la calle. Puedo dejar el portón abierto y jamás osará poner un pie afuera. Antes tuvimos una collie por diez años. Fue un tremendo duelo de la familia cuando enfermó y falleció.

—Como hombre de ciencia, ¿cuál es su sentimiento sobre la utilización de animales para el avance de la medicina y biotecnologías?

Es una pregunta complicada. Creo que el ser humano en los últimos cientos o miles de años, hizo cosas que no son muy loables con los animales, particularmente con los de laboratorio. Los han martirizado más allá de lo que la ciencia pudo pedir. En ciencias, es muy complicado experimentar en humanos; si uno cree que una pastilla va a aliviar a un mamífero como nosotros, probar qué alivio produce en otro mamífero parece lógico. Acabo de ir a una conferencia en Groninga, en Holanda, donde expusieron que estaban poniéndole chips en el cerebro a unos ratones, estimulándolos con colores y viendo cómo los percibían. La verdad es que ni pregunté cómo era el proceso. Me imaginé que les estaban metiendo en el cerebro un chip y eso me pareció demasiado brutal. Mi hijo es biotecnólogo y lo invitaron a irse a Estados Unidos, porque estaban probando maneras de generarle alzhéimer a los ratones para después ver cómo se les deterioraba el cerebro. Para mi hijo era una posibilidad atractiva, pero dijo: «Yo no estudié cinco años para dedicarme a matar ratones, antes muerto que dedicarme a esa cosa». Todo depende de cómo uno lo quiera ver. Pero creo que, en el mediano plazo, a los animales deberíamos dejarlos tranquilos.

—¿Cree usted que volveremos a usar especies animales en la futura conquista del espacio, como lo hicimos con Laika o Felicette?

En este minuto, el horno no está para bollos como para mandar animales al espacio, pero, por otro lado, yo estoy convencido de que el Hombre colonizará Marte. Vamos a llevar gallinas y posiblemente perros y gatos, pero como las condiciones de vida en Marte son muy precarias, uno no va a llevar perros enormes que requieran gran cantidad diaria de alimento, porque tampoco tendrán mayor utilidad. Seguro que no llevaremos rinocerontes o jirafas, tenemos que llevar animales domésticos; posiblemente no llevarán vacas, porque no cabrían. Sí es posible que llevemos gallinas y cerdos, pero si lo hacemos van a ser parte de nuestro equipaje más que conejillos de Indias. Por cierto, si queremos hacer una granja en Marte, tenemos que llevar abejas para que polinicen. Así que la colonización de Marte no es llevar lechuga y gente, es llevar todo un hábitat para vivir en armonía.

—¿Conoció a Arturo Aldunate Philips, Hernán Olguín o Igor Saavedra? ¿Se siente heredero de la tradición chilena de divulgación científica?

Sentirse heredero sería una patudez, pero fíjate que, en 1964, en un ramo muy curioso llamado Introducción a la Ingeniería, mi profesor fue don Arturo Aldunate Philips (1902-1985), y allí leí libros de él, como Quinta dimensión (1958) y Los robots no tienen a Dios en el corazón (1963). Don Arturo era un gran divulgador de la ciencia, efectivamente. Ahora, él era ingeniero y tenía buena pluma. Los robots… era bastante adelantado sobre robótica y automatización. Estamos hablando de los años sesenta. Así que, en términos gruesos, me podría sentir heredero de esa tradición. Pero aquí en Chile, aparte de los ya mencionados, no hay una tradición muy fuerte. Ha habido grandes investigadores en distintas disciplinas. Igor Saavedra (1932-2016) era más un gran investigador antes que un buen divulgador, escribió solo uno o dos libros. Hernán Olguín (1949-1987) era un excelente periodista científico, tal vez el único grande que ha tenido Chile, pero no era científico. Yo creo que los tiempos están cambiando y están empezando a aparecer un grupo de divulgadores científicos, gente como Gabriel León y Andrés Gomberoff. León es biólogo y Gomberoff, físico, y están haciendo cosas muy interesantes, y ojalá continúe este esfuerzo porque yo creo que la llave maestra para que Chile se desarrolle es que toda la población sea lo más educada posible. Es fundamental, no solo para los ingenieros, sino para la gente en su vida cotidiana. Cuando uno utiliza una máquina como un automóvil, que parece bastante ingenua, si no se entienden cosas fundamentales de la física que está detrás, uno puede poner en riesgo la vida propia y la de los demás. Muchos accidentes automovilísticos ocurren más por ignorancia que por negligencia, entonces el dar a conocer conceptos elementales de la ciencia y la tecnología es algo que construye un mejor país. Desgraciadamente, Chile no ha sido generoso tratando de educar a sus ciudadanos.

—¿Se podrían reeditar los libros de don Arturo?

Siempre vale la pena, pero, por otro, lado hay que ver el contexto; los libros que escribió eran muy buenos en su época. Hoy día no se van a ver como de frontera, sino más bien como reliquias. Yo encantado de que reediten, los de él y los de Desiderio Papp (1895-1993), que fue un grande de la enseñanza de la historia de la ciencia, pero creo que ya jugaron su rol. Son libros muy lindos de leer y sobre todo para un fanático de este tipo de cosas, como yo; para el gran público son anticuados. Es que don Arturo los escribió antes que el Hombre llegara a la Luna, y ahora estamos a punto de celebrar los cincuenta años de eso y es difícil que un libro suyo emocione a un niño de Chiloé o de Putre con la carrera espacial. Esos libros eran para motivar a jóvenes como yo, a comienzos de los sesenta, pero ya esos jóvenes nos transformamos en personas bastante maduras. »Todos los libros son lindos, desde El Quijote para adelante, pero yo creo que la divulgación científica, la razón por la que la hago, tiene que tener un aquí y ahora. Un libro de Stephen Hawking (1943- 2018), o en su momento de Carl Sagan (1934-1996), estaba pensado para gente de una cierta estructura mental. Acá en Chile, pensamos un poquitito distinto y vale la pena hacer divulgación con acento chileno para que un niño se emocione. Cuando la divulgación la hace la gente de la Nasa y están hablando con inglés y subtítulos, el niño dice: «Ah, ya, sí, en otros lados hacen ciencia», pero creo que la ciencia, como dirían, con sabor a empanada y vino tinto, conecta con la gente. Por ejemplo, yo tengo una colega, María Teresa Ruiz, que cuando va a hablarle a las niñas, les dice: «Bueno, ustedes pueden estudiar ciencia». Las niñas ven en ella un modelo a seguir porque ha sido una mujer que estudió en el Liceo 7, en la Universidad de Chile, muy exitosa en su carrera científica. Creo que cuando los niños ven un chileno que fue uno más dentro del lote y que se dedicó a la ciencia, y que llegó a ciertos niveles de calidad en el quehacer científico, se pueden motivar por eso. Al hablar con un acento chileno, el niño se puede sentir mucho más identificado.

—En el último tiempo, China ha dado novedades, como el módulo en la Luna, y ahora el anuncio de que construirá por sí misma una estación espacial. Esto rompe con el esquema de colaboraciones internacionales para proyectos como estos. Si a esto le agregamos el ingreso de la empresa privada, ¿cree que estamos ante una nueva carrera espacial?

—Creo que es muy probable y se están dando condiciones parecidas a las de 1960, cuando la Unión Soviética lanzó a Yuri Gagarin al espacio y los norteamericanos quedaron totalmente golpeados, porque se imaginaban que ellos serían los primeros. Entonces invirtieron una cantidad enorme de dinero para ser los primeros en la Luna. Ahora que los chinos están en la Luna con naves no tripuladas, podría ser que Estados Unidos se haya sentido tocado en su orgullo y compita con China.
»China, en este minuto, tiene casi más recursos que Estados Unidos, pero tiene menos conocimiento sobre muchas cosas del espacio. Tienen mucho que aprender. La carrera es poner una base en la Luna y luego una base con colonización en Marte. Esta nave no tripulada que pusieron en el lado oculto de la Luna tiene bastante gracia, porque pusieron previamente un satélite de comunicaciones que la orbita y se comunica con la nave cuando anda por el lado de atrás. Después, cuando se mueve hacia adelante, se comunica con China. Creo que con otro golpe parecido de los chinos, Estados Unidos va a poner el pie en el acelerador y va a tratar de llegar primero a Marte. Aunque yo no soy futurólogo, me parece que en el año 2100 la primera potencia mundial, sin duda, será China. Y entonces, el asunto es ¿cuándo China tomará el relevo? Y puede ser que de aquí a cien años, sin ninguna duda, China sea más importante que Estados Unidos. Por ahora, Estados Unidos todavía puede alegar un primer lugar, entre otras cosas, sobre la tecnología de los viajes espaciales.

—¿La carrera espacial tiene un lado negativo?

Claro que sí. Estados Unidos dice que quiere un ejército en el Espacio. Donald Trump piensa tener satélites con armas que destruyan misiles intercontinentales. Trump está interesado en tener armas defensivas que estén orbitando sobre el Pacífico; si viene cualquier cosa, lo detienen con un rayo láser o algún artilugio, como en la Guerra de las Galaxias; podrían destruirlo en la mitad del Pacífico e impedir que alcanzara territorio norteamericano. Pero de ahí a pasar a armas ofensivas, siempre hay una delgada línea preocupante porque creo que hay una convención del uso pacífico del Espacio. Uno podría pensar en poner misiles interplanetarios en la Luna. Un misil puede llegar desde ella en dos días a cualquier parte de la Tierra. Uno la puede llenar de misiles nucleares, pero la idea es dejar la Luna y el Espacio fuera de la disputa militar. Aunque creo que eso está cada día más complicado porque Estados Unidos quiere un ejército de aire y uno de tierra; tienen la marina norteamericana que es enorme. Son cuatro ramas y ahora habría una quinta, que sería defensa espacial. Entonces yo lo veo con preocupación.

—Hoy se habla de la colonización de Marte como el objetivo de las próximas décadas. ¿La Luna sigue siendo un objetivo fundamental para la conquista del espacio?

No, yo creo que no. La Luna es demasiado terrible. La temperatura en la noche puede ser de 200 grados bajo cero y eso mata a cualquiera. Es un lugar demasiado inhóspito. Marte es un paraíso tropical en comparación. Entonces, uno podría prescindir de ella. La gracia que tiene nuestro satélite es que uno puede llegar en dos días, y si algo resulta mal, nos devolvemos. Pero es complicado viajar a Marte, porque uno se demora nueve meses. Así que lo que quieren es ir a la Luna, probar algunas cosas, ver qué funciona, y ya con el material bien probado, irse a Marte.

»El día en la Luna dura treinta terrestres. Entonces, uno puede estar allí varios días. Si es de mañana en La Luna, y después de estar cuatro o cinco días probando cosas, uno se puede volver a la Tierra, pero si se queda un mes completo, la primera mitad del mes va a ser de día y la segunda mitad de noche, con una temperatura imposible de soportar.

—En una entrevista, usted nombró el libro Viaje de la Tierra a Marte (1924), un cómic de Andrés Magré, que fue reeditado por Nauta Colecciones, y que cuenta las aventuras del profesor Plum y compañía en su travesía por el espacio. Si usted fuera el profesor Plum, ¿qué expertos elegiría para su viaje?

Buena pregunta, no lo he pensado. Yo me llevaría a alguien que entienda más que yo de biología y algún geólogo. Me haría acompañar de todo experto. Algo entiendo de los astros, pero no mucho de geología o de animales. Yo llevaría un biólogo y un geólogo. Con eso ya me sentiría acompañado.

  • Revista Marzo 2019

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¿LLEGÓ EL HOMBRE A LA LUNA?

¿HA SERVIDO DE ALGO LA CARRERA ESPACIAL?

¿ES POSIBLE VIAJAR A MARTE?

¿POR QUÉ DEBERÍAMOS SEGUIR INSISTIENDO EN LOS VIAJES ESPACIALES?

Estas son algunas de las preguntas que responde el profesor José Maza en Marte: la próxima frontera, su último libro. En él, acompañaremos al Premio Nacional de Ciencias Exactas en una aventura a través de la historia de algunos de los proyectos tecnológicos más arriesgados y cómo ellos nos han llevado a despegarnos de la tierra, alcanzar la Luna y soñar con las estrellas. Con una prosa amable y cercana, el primer bestseller científico de nuestro país nos guía en un largo viaje que promete llevarnos al planeta rojo y también a un futuro en que no corramos los peligros que, como humanidad, hemos producido y parecen condenarnos.

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