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Entrevistas


MANUELA OYARZÚN Y LOS ANIMALES COMO MAESTROS

Por Juan Calamares
Fotografías por Sofía Garrido P.

Manuela Oyarzún es actriz, dramaturga, cantante y una exitosa directora teatral. Su último éxito en las tablas es la puesta en escena de Tribus, de la autora británica Nina Raine, obra que aborda

la incomunicación, con la sordera como metáfora. Manuela nos habla de su carrera, de aquel tema que trasciende su obra, que es lo diferente, y de la espiritualidad de su querida gata.

—¿El primer montaje en el que participaste fue La negra Ester, de Andrés Pérez?

Fue el primer montaje al que me convocaron profesionalmente. Antes participé en otros, pero que fueron gestionados por nosotros, los alumnos de la Universidad de Chile. Llegué a La negra Ester cuando quedaban pocos actores del elenco original. Andrés Pérez sabía que estaba enfermo y por eso quiso reunir gente nueva, en la que confiara, para mantener la obra por mucho tiempo más. Respeto mucho a Andrés, es un gran maestro. Fue algo fantástico comenzar mi vida profesional bajo su dirección.

—Luego escribes la obra Cabeza de ovni, que trata sobre la vejez, en la cual dirigiste a dos emblemas del teatro, como lo son Alejandro Sieveking y Bélgica Castro.

Fue la segunda obra que escribí, a los veinte y pocos años. La creé cuando murieron mis abuelos. Salió sola, del hipotálamo y del corazón. Yo quería tener a dos actores veteranos, a los que respetara, para que la interpretaran y pensé en Bélgica y Alejandro, figuras muy admiradas, muy «de teatro». La obra funcionó muy bien. Somos muy amigos con Alejandro aún. Tiene mucho humor, es muy receptivo de la gente joven.

—¿Cuántas obras has escrito?

Escribí tres obras de manera convencional. Luego realicé dos trabajos de indagación en la escritura. Es decir, guiones escénicos con indicaciones dramáticas. Luego de realizar esos dos montajes, interesantes experimentalmente, volví a la estructura dramática, con una obra que quiero desarrollar este año.

...SUCEDE QUE EN BRASIL HAY UN CONFLICTO POLÍTICO Y ECONÓMICO AL REDEDOR DE ESTA RANA, PUES SU VENENO TIENE PROPIEDADES QUE AYUDAN AL SISTEMA LINFÁTICO. ENTONCES EXISTE UN MOVIMIENTO QUE BUSCA PROTEGERLA DEL SUFRIMIENTO QUE IMPLICARÍA SU EXPLOTACIÓN ECONÓMICA..

—¿De qué trata?

Está centrada en la figura de la rana dardo del Amazonas, cuyo veneno se extrae para realizar una ceremonia de curación. A través de esta rana se cuentan diversas historias. Una de ellas es la de un biólogo celular que investiga sus propiedades curativas.

—¿Es una fábula?

Sí, pero tiene mucha investigación detrás. Sucede que en Brasil hay un conflicto político y económico alrededor de esta rana, pues su veneno tiene propiedades que ayudan al sistema linfático. Entonces existe un movimiento que busca protegerla del sufrimiento que implicaría su explotación económica. Ha sido interesante entrar en este tema, ya que entendí el conflicto que existe entre el mundo indígena y el mundo moderno.

—Hay una especie de viaje a lo largo de tu carrera que gira en torno a la discapacidad, la vejez y aquellas realidades que no reciben un apoyo masivo. El círculo se cierra con tu nueva obra como directora, Tribus, que aborda la sordera.

Me sorprende lo que dices, porque es verdad que mi trabajo aborda la diferencia y no lo había pensado. Tribus fue una obra a pedido, muy bien escrita, que aborda el tema de la diferencia, donde la palabra es muy importante. La historia trata sobre una familia en la que el padre es un académico, la madre escribe, la hija canta y el hijo, que realiza su tesis, es sordo y por eso es marginado. No escucha este deambular de palabras que hay en su hogar compuesto por intelectuales. Cuando aprende el lenguaje de señas se da cuenta de que ha perdido mucho tiempo sin poder comunicarse con los suyos. Entonces la familia entra en conflicto, pero ellos son quienes lo han marginado al haberle quitado la posibilidad de conocer a otros iguales a él. La obra se llama Tribus porque nos conformamos siempre en grupos pequeños que defendemos para que nadie entre ni salga de ellos.

—Los pueblos de tradición han desarrollado rituales alrededor de los llamados animales totémicos, ceremonias basadas en el respeto milenario hacia ellos. ¿Qué pasa cuando un occidental realiza este tipo de ceremonias?

Hay personas que no provienen de estos grupos, pero han aprendido el proceso y son acepadas por ellos para ejercer esta terapia, pero es verdad que esto debe ser hecho de buena manera porque si no te mata. Hay gente que ha muerto por esta moda, como sucede con la ingesta de ayahuasca.

—Otro hito importante en tu carrera fue protagonizar la obra La mujer gallina, basada en la vida de Corina Lemunao, quien fue confinada por su familia a vivir en un gallinero durante gran parte de su vida, a causa de su déficit mental.

En aquella obra, el dramaturgo Alejandro Moreno quiso investigar sobre el lenguaje, pues la mujer gallina carecía de él. La idea era indagar en que la diferencia decanta en la marginación, sobre todo en un contexto donde falta educación.

—Háblanos de tu gata.

Se llama Mafiosa y le decimos Mafi. Mi hija, de dos años, se llama Mati, así que cuando llamamos a alguna de ellas nos miran las dos. Mafi tiene diez años y me la regalaron para mi cumpleaños, lo que me tomó por sorpresa. ¿Cómo me hacen este regalo si es demasiada responsabilidad?, pensé. Mafi y yo vivimos solas por mucho tiempo y cuando nos fuimos a vivir a otro lugar le costó mucho adaptarse, pues era muy apegada a su hogar. Yo estaba asustada. Resulta que años más tarde regresamos a la casa en la que Mafi había crecido. La vivienda estaba totalmente modificada, pero Mafi entró, miró y la reconoció. Descansó y fue feliz. Volvió a su hogar.

—¿Notas alguna conexión entre el trabajo artístico y el mundo animal?

Los animales proponen una tipología. Y cuando uno trabaja en cualquier obra, debe representar una tipología para que el espectador se identifique. Siempre hay elementos que podemos relacionar con los animales, que son icónicos, simbólicos. Yo tuve una experiencia en ese sentido. Hace dos años estuve en una ceremonia de ayahuasca, profunda y sanadora, muy protegida y seria. En esa ceremonia se me apareció Mafiosa. Yo siempre la había visto como un ser más pequeño que yo, al que debía proteger, un animal que, en la escala evolutiva, era inferior a mí. Pero en ese viaje de verdades, que se presentan como imágenes y que uno, de alguna manera, comprende, sentí que ella era una maestra que había venido a guiar mi camino. En ese rito descubrí que ella era un ser que me miraba profundamente y me entregaba algo que aún no descubro, lo que es una manera de ver a los animales como maestros.

  • Revista Abril 2019

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CINCO DRAMATURGOS DESTACADOS,

SEGÚN MANUELA OYARZÚN


RAMÓN GRIRIFFERO:
«Por la magia de sus obras, por la posibilidad de hacer que los personajes piensen más allá de las acciones que están dadas en la escena».

TENNESSEE WILLIAMS:
«Por su universo acalorado, denso y violento, por sus atmósferas atrapantes».

ALEJANDRO SIEVEKING:
«Por su dramaturgia liberada, simpática, por su gusto por lo extraño, por su amor por el teatro y por haber tenido la oportunidad de conocerlo».

JUAN RADRIGÁN:
«Por su oficio, porque su mirada me hizo modificar lo que yo escribía para ir por caminos distintos».

ISIDORA AGUIRRE:
«Por su fuerza y compromiso social, por su investigación incansable y profunda. Por destacar en un mundo de hombres».
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