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Entrevistas


MARÍA PAZ GRANDJEAN:

«EL MUNDO DE LOS ACTORES ESTÁ ASOCIADO AL MUNDO ANIMAL»

Por Juan Calamares
Fotografías por Sofía Garrido P.

María Paz Grandjean (44) es actriz de teatro, cine, televisión e integrante del grupo de teatro musical Lágrimas, celos y dudas. A lo largo de los años ha trabajado en más de sesenta obras, habiendo sido destacada por su versatilidad y su capacidad de trabajo. Crítica del sistema educativo y de la comercialización de los espacios artísticos, esta actriz de larga trayectoria nos habla del teatro y de su relación con el mundo animal y, por supuesto, de Platón, su gato, al que cariñosamente llama Dios.



—Hay un ejercicio muy conocido en actuación que es observar animales para construir perso- najes. ¿Has aplicado esa técnica?
—Sí, siempre. Cuando aprendo un texto de memo- ria hasta sueño con este. Y es loco andar trayendo la sintaxis, la gramática y la ideología que otro creó. Uno se llena de imágenes y lo que hacen los ani- males es bajarlas a tierra y hacerlas más cercanas a ti, a tu propio animal. Cuando voy a los primeros en- sayos pongo en mi cabeza esas imágenes animales. Si un personaje es salvaje pongo un tigre o un león; si otro es cobarde, una gallina. Los animales entregan información física proyectable y es que de alguna manera tenemos a los animales dentro.

      —Cuando ya hiciste tuyo ese texto y entras en escena, ¿opera en ti una energía más cercana a los animales?
      —Claro que sí, uno está más entregado al instinto. A veces ocurre que el vestuarista no llega con los zapatos del personaje y entonces uno debe usar los suyos para el resto de las funciones. ¡Zapatos que habías usado durante cinco años se rompen en un mes! Y uno se pregunta qué pasa en el escenario, por qué las cosas se viven de otro modo, por qué todo vibra de una forma distinta. Entonces pienso que el mundo de los actores está asociado al mundo ani- mal, un mundo muy salvaje, muy instintivo, al que lo controla la propia naturaleza de la escena.

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       —Eso me hace pensar en Atapuerca, en aquellos bisontes pintados por sus antiguos habitantes para representar la energía telúrica que los animales les entregaban. Es como si la actuación fuera una experiencia chamánica.
       —Yo también la entiendo así. Es que uno es un intérprete, un receptor al que lo toca un rayo que provoca que sucedan cosas que uno no había previsto. A la actuación no la controlas tú, pues de- bes saber perderte en esa inteligencia primitiva que tienen los animales. Por eso no me gusta humanizar a los animales. Me gusta no entender a mi gato, no saber si se acerca a mí porque me quiere.

       —Pero hay casos de gorilas machos alfa que resultan ser los más compasivos de la manada con los gorilas discapacitados o enfermos. Eso no tiene ningún sentido para la supervivencia de la manada. ¿Allí podemos estar hablando de amor?
      —Es que es un comportamiento básico de todo ser vivo, algo intrínseco. Muy diferente a la solidaridad mal entendida de los seres humanos, que se expresa mediante la lástima, por ejemplo, en la Teletón. ¿Pero es amor lo que nos entregan? No lo sé. No podemos hablar con ellos.

...CUANDO UN ANIMAL SUFRE LA PÉRDIDA DE UN COMPAÑERO VES UN CAMBIO EMOTIVO. EL ANIMAL SIENTE ESA PÉRDIDA Y PUEDES VER SU RITUAL DE DUELO...

«¿Y POR QUÉ SE LLAMA PERFECTO?»,

LE PEGUNTÉ.

«PORQUE ES PERFECTO: RICO, CAPO Y DELICIOSO»,

ME CONTESTÓ.

       —Pero quizás deberíamos apostar por lo mejor, considerando que ya sabemos que los animales tienen las condiciones necesarias para desarrollar la consciencia. Puede que el mismo teatro, entendido como ese contacto con nuestra esencia animal, nos ayude a descubrir de donde vienen esas emociones.
      —Sí, cuando un animal sufre la pérdida de un compañero ves un cambio emotivo. El animal siente esa pérdida y puedes ver su ritual de duelo. Lo vi con mi gato que perdió a su amiga, la gata de la vecina. Vi su proceso de duelo. Era evidente. Mi gato dirigía todo su cuerpo hacia donde vivía ella. Lloró sin parar, buscó cariño, dejó de comer. Él se estaba despidiendo, estaba adaptándose a su nueva situación, pero evito usar palabras emotivas para describir lo que vivió.

      —Háblanos de él.       —Es como esos gatos angora gris: tiene la nariz negrita y bajo la luna se lo ve plateadito. Por eso lo llamamos Platón.

      —¿Platón?
      —Sí, pero le decimos Dios. Le decimos así porque es perfecto, dueño de las cosas más grandes: de la materialidad, de los saberes que están más allá, un genio.

      —¿Desde cuándo lo tienes?
      —Yo siempre he tenido gatos, desde los cuatro años. Tuve una gata llamada Greta por casi veinte años y después me regalaron otro que vivió poco y me entristecí mucho. Pasé por ese período en que uno dice que nunca más tendrá un gato. Pero entonces un amigo me dijo que su gata acababa de tener gatitos y que uno de ellos debía ser mío y que se llamaba Perfecto. «¿Y por qué se llama Perfecto?», le pegunté. «Porque es perfecto: rico, capo y delicioso», me contestó. Lo fui a buscar, era pequeño; ahora es grande, enorme, pesa casi nueve kilos. Lo tengo hace diez años.

      —Recomiéndanos alguna obra en la que aparezcan animales
      —Animal, otras formas de organización es una obra callejera que se terminó de representar hace muy poco en Quilicura por miembros de la Universidad de Chile, muy herederos del teatro de los noventa. Está basada en Rebelión en la granja, de George Orwell, y busca investigar el comportamiento humano en relación a los animales. También Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltès, donde al final de la obra se hace alusión a un rinoceronte.

  • Revista Mayo 2019

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