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Entrevistas


ÓSCAR BARRIENTOS BRADASIC, ESCRITOR:

«LOS GATOS PARECEN
ENTENDER TUS ESTADOS
MELANCÓLICOS»

Por Ramón Díaz Eterovic

Oscar Barrientos Bradasic (45) es autor de una extensa obra que incluye libros de poesía, de cuentos y novelas. Algunas de estas publicaciones han obtenido premios importantes, como el Premio Nacional de

Narrativa y Crónica Francisco Coloane que concede el municipio de Quemchi. Cuenta con publicaciones en Venezuela y Croacia, y es, sin duda, uno de los rostros de la renovación experimentada por la narrativa magallánica en las dos últimas décadas.












      Pagana patagonias, libro publicado por LOM el 2018, es un conjunto de once cuentos en los que aborda historias ambientadas en la Patagonia. En estos relatos intervienen elementos fantásticos, leyendas regionales, mitos, personajes solitarios y aparentemente irreales, configurando un imaginario y un discurso que, sin dejar de lado la realidad, termina haciendo de la Patagonia un espacio de utopías extrañas en el que sobreviven hombres y mujeres que se mueven entre el genio y la locura. Son cuentos atractivos y bien logrados, en los que juegan un rol importante el humor y la fantasía.



      Barrientos es un gran amante de los gatos. Actualmente convive con los felinos Apolo y Laura Palmer. «El nombre del primer gato  —dice Óscar—, es un homenaje al dios sol y el segundo rememora el personaje de David Lynch. Apolo llegó a mi casa hace diecisiete años y Laura Palmer es de Río Seco y recién cumplió el año. Ellos representan una simbiosis perfecta: el gato vetusto y la gata joven. Le otorgan a mi vida un espacio de ludismo y ternura».

      Apolo es un gato que ha seguido a Óscar Barrientos como una sombra. Un gato con un historial de muchas horas de vuelo, ya que el año 2007 acompañó a Barrientos en un viaje desde Punta Arenas a Santiago, y luego hasta Madrid. Óscar nos cuenta: «El 2007 fui a hacer mi tesis doctoral en Educación en la Universidad de Salamanca, una hermosa ciudad castellana. Viajé con Apolo en aquella oportunidad y estuvimos en un departamento alrededor de siete meses junto a un amigo colombiano. Debo haberme visto bien surrealista viajando con un gato, arribando a aeropuertos. Y aunque no me crean, al gato le dieron una especie de pasaporte comunitario que le permitía viajar por toda Europa. Apolo terminó siendo un compañero leal en la tediosa y fatigante labor de un tesista. Se adaptó rápidamente a su nuevo hogar y pasaba bastante tiempo mirando por la ventana el canario de una vecina. Al momento del examen final, le dediqué ese trabajo a varias personas y también a mi querido gato».

      Respecto a los gatos que lo acompañan, Óscar Barrientos señala: «Ellos dotan a mi existencia de un sentido de comunicación muy particular, refuerzan los afectos, equilibran las leyes de la tolerancia. Son una especie de hermanos menores que parecen entender mis estados melancólicos y que a veces dan la sensación de reírse de mis hábitos

MIS GATOS SON LOS CENTINELAS DE MIS NAVEGACIONES LITERARIAS


En lo literario, ellos representan la puerta a un misterio; una suerte de sabiduría ancestral que ofrece un abanico de especulaciones, muy cercano a los enigmas que rodean al oficio de la escritura. Suelo escribir con mis gatos, son los centinelas de mis navegaciones librescas».

      Sobre los gatos literarios, comenta que le cuesta leer El gato negro, de Edgar Allan Poe, «por las escenas de maltrato animal que hay en ese cuento». «Me gusta la historia de Muezza, la gata de Mahoma. Se cuenta que el profeta se levantó para sus oraciones y halló a su mascota durmiendo en la manga de su túnica. La encontró tan bella y plácida que recortó la manga para que Muezza no interrumpiera su sueño».

      Protagonista de varias de las novelas de Óscar Barrientos es el poeta Saratoga, un bohemio experto en navegaciones marítimas y etílicas que vive en Puerto Peregrino, un lugar mágico en el que parecen concentrarse todas las leyendas y misterios de la Patagonia. Le preguntamos por la relación entre


Saratoga y los gatos, y nos dice: «En la novela Quimera de nariz larga (2011) hay una mujer taxidermista que tiene un gato sin nombre y que anda casi todo el tiempo en su hombro. El gato parece absorber la esencia de los animales disecados. Y en mi última novela, Dos ataúdes (2018), hay una escena que saqué de una noticia que terminó siendo felizmente falsa: la de los gatos bonsái».

      Los gatos de Óscar son magallánicos de cola a orejas y, por lo tanto, acostumbrados al frío y también a las estufas o calentadores que suelen temperar las cocinas magallánicas donde se prepara la mermelada de ruibarbo o se fríen las persuratas, dulces tradicionales que fueron traídos a la zona por los emigrantes croatas que arribaron a las orillas del Estrecho de Magallanes. «Aquí los gatos se “magallanizan” —apunta Óscar—. He visto gatos muy altivos recorriendo cercos y tejados evadiendo la pujanza del viento, como habitantes originarios de un espacio donde los elementos son agrestes y extremos».

      Sobre la presencia del gato en la literatura fantástica, Barrientos apunta: «Borges, maestro indiscutible del género, le dio una importancia muy cardinal en su vida. Tenía un gato llamado Bepo que le escondía las pantuflas a sabiendas de que era ciego. Borges le hizo un poema precioso que comienza con los versos: “No son más silenciosos los espejos/ ni más furtiva el alba aventurera;/ eres, bajo la luna, / esa pantera que nos es dado divisar de lejos”».

      En las novelas de Óscar Barrientos abundan los barcos y los aventureros de los siete mares, y por eso le preguntamos si en ese mundo hay espacio para gatos. Óscar recuerda y nos dice: «Hace poco leí que entre algunos navíos que atravesaron el Cabo de Hornos había más de uno que llevaba gatos a bordo y que se adaptaban muy bien a los rigores de la vida marinera. Además, siempre me ha gustado el estilo picaresco y medio filibustero que adoptan los gatos que merodean los puertos. Muchos años atrás estuve en Atenas y me llamó la atención la gran cantidad de gatos que había en la ciudad, incluso arriba de los árboles. Me recordó la fábula de Félix Maria Samaniego, Los gatos escrupulosos».

      Casi al término de diálogo, nuestro entrevistado recuerda dos anécdotas sobre gatos reales que le han llamado la atención: «La primera es que con mi mujer debimos cerrar el patio de nuestra casa porque tres gatos entraban a la casa a robar comida y tenían bastante alterados a Laura Palmer y a Apolo. En broma, les pusimos a los gatos Montesquieu, Voltaire y Diderot.

«NO SON MÁS SILENCIOSOS LOS ESPEJOS/ NI MÁS FURTIVA EL ALBA AVENTURERA;/ ERES, BAJO LA LUNA, / ESA PANTERA QUE NOS ES DADO DIVISAR DE LEJOS»


Y la segunda tiene que ver con que hace poco vimos una nueva camada de gatitos que no podía subir un muro; y lo hermoso fue que el primero que llegó a la cima ayudó a los demás. Fue un momento precioso, una epifanía».


      Y finalmente enterado del objetivo de la Fundación Adopta, Óscar Barrientos comenta que adoptar o recibir en casa un gato es «la posibilidad de ser mejores personas, de saber que hay seres vivos que establecen, sin palabras, un vínculo muy revelador, ese punto donde se inicia una afectividad muy desinteresada».

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  • Revista Mayo 2019

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