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DERECHO ANIMAL


LA LEGISLACIÓN QUE PROTEGE A LOS ANIMALES EN CHILE Y SUS MUCHAS PREGUNTAS

Por Andrea Orellana DB

El día doce de febrero de este 2019, entró en vigencia el Registro Nacional de Mascotas o Animales de Compañía, uno de los pilares de la Ley 21020 sobre Tenencia Responsable. La cantidad de preguntas que surgieron en esos días fueron muchas más que las certezas que se tenían respecto al tema animal en Chile: ¿era obligatorio inscribir a todas las mascotas?, ¿para eso debía insertárseles el chip o era posible usar un método alternativo de registro?, ¿cómo debía hacerse el trámite?, ¿qué iba a pasar con los animales abandonados?, fueron solo algunas de las preguntas que inundaron medios de comunicación y redes sociales.

Si bien la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo (SUBDERE), había comenzado el proceso seis meses antes, era muy poca la gente que había hecho los trámites de inscripción de su mascota, o que incluso sabían que estos trámites debían hacerse.

Las razones que explican el desconocimiento pueden ser muchas: falta de campañas orientadas a los tenedores o dueños de mascotas, ausencia casi total de campañas de sensibilización con lo qué significa tener un animal y hacerse responsable de él durante su ciclo completo de vida y, finalmente, poco interés de los ciudadanos por hacerse realmente responsables de un ser que debería ser visto como un miembro más de la familia.

LEYES CHILENAS

Al escuchar a los expertos, sabemos que la calidad del animal viene definida en el Código Civil y que, como una generalidad, el artículo 291 bis del Código Penal incorpora el concepto de maltrato animal. Pero sabemos por experiencia propia que por años esas definiciones —del animal como bien mueble— fueron letra muerta a la hora de impartir justicia cada vez que se configuró el delito de maltrato, ya fuera con circunstancias de lesiones leves, graves o de la muerte del animal.

No fue hasta el año 2009, con la promulgación de la Ley 20380 o sobre Protección de Animales, del Ministerio de Salud, que se incorporan sanciones más claras para las diversas formas de maltrato que pudieran configurarse. Sobre la citada Ley deben mencionarse algunas cosas. Si bien se reconoce el carácter de seres vivos de los animales, no se les excluye del ámbito de las «cosas» y se privilegia hablar de las poblaciones caninas y felinas por ser las más numerosas de las que conviven con los seres humanos. En el Título IV se hace referencia a los animales usados en experimentos y en el Título V, a aquellos que son sacrificados para consumo humano.

Si bien la Ley resultó un primer avance en el Derecho Animal en Chile, su brevedad y su ambigüedad para tocar ciertos temas generó más preguntas que respuestas: ¿qué pasaba con el abandono, por ejemplo? Esta es una de las formas más comunes de maltrato animal con la que debemos toparnos en nuestro país. Finalmente, la ausencia de reglamentos que permitieran poner práctica la ley, dificultaba tremendamente el poder llevar ante la justicia a los maltratadores.

A partir del 2009 un delito de maltrato animal sí pudo ser denunciado por cualquier persona ante el Ministerio Público, Carabineros o Policía de Investigaciones, o mediante una querella en los Tribunales de Justicia, al tratarse de un delito de Acción Pública.

La Fiscalía Nacional del Ministerio Público agrega elementos a la descripción del delito:

a) Provocación de dolor o sufrimiento (transformándolo de delito de mera acción a delito de resultado).
b) Exige que el dolor o sufrimiento causado sea innecesario (pues aquí pueden entrar los considerandos desde el punto de vista de la investigación científica).

El problema central es que desde el punto de vista del Código Penal, el animal no podía ser víctima, al no tratarse de un sujeto. La víctima sería entonces aquel que presentara la denuncia.

En el año 2014 la Fiscalía Nacional introduce modificaciones que van de la mano con la actual Ley 21020. Algunos de estos cambios:

- Cuidado: toda persona que tiene una mascota tiene el deber de darle los cuidados necesarios. La Ley no solo sanciona a quienes actúen en contra del animal, sino en contra de quien no realice ciertas acciones (por ejemplo, no alimentar a una mascota)
- Abandono: toda persona que tenga un animal y lo deje a su suerte comete un delito.
- Ejercer violencia: consiste en propinar golpes, agredir, torturar o dañar física o psicológicamente al animal. Toda acción violenta en contra de un animal realizada de manera intencional es un delito.
- Entretenimiento: las peleas de gallos, de perros y tiraduras de caballo son consideradas formas de maltrato animal.
- Envenenamiento: el diseminar veneno por un lugar público o privado con el fin de acabar de las mascotas es un delito.

La Fiscalía Nacional, en mayo de 2014, afirma: «La necesidad de proteger a los animales deriva del hecho de que son seres vivos, capaces de sentir y de sufrir, facultades que por sí solas los hacen acreedores de protección y respeto». Este es, sin duda, un precedente para pedir la declaración de los animales como criaturas sintientes.

A raíz de todo este camino jurídico, el dos de agosto de 2017 se dicta la Ley 21020 o de Tenencia Responsable, también dependiente del Ministerio de Salud.

Como su nombre lo señala, esta Ley estará centrada en las responsabilidades que deberán tener los dueños o tenedores de las mascotas, con estas mismas y con sus conciudadanos. Algunas de estas son:

- Determinar las obligaciones y derechos de los responsables de animales de compañía. -Proteger la salud y el bienestar animal mediante la tenencia responsable.
- Proteger la Salud Pública, la seguridad de las personas, el medio ambiente y las áreas naturales protegidas, aplicando medidas para el control de la población de mascotas o animales de compañía (campañas de esterilización).
- Regular la responsabilidad por los daños a las personas y a la propiedad que sean consecuencia de la acción de mascotas o animales de compañía.

Y es en esta dirección que como primer paso se implementa el Registro Nacional de Macotas.

Toda acción que tienda a mejorar la calidad de vida de los animales que nos acompañan merecen ser aplaudidas, pero hay muchos pasos previos que deben darse para que la gente entienda que no se trata solo de sanciones, sino de respeto por la vida de los animales que deciden incorporar a sus familias. Los animales no son juguetes para que los niños se entretengan, son seres vulnerables para educar a los más pequeños en la empatía. No son bienes de inventario para personas que acumulan cosas. Debemos ser capaces de garantizarles atención veterinaria, alimentación y cobijo, las condiciones mínimas de una vida digna.

Y para esto último aún queda un largo camino por recorrer que es interdisciplinar, jurídico, de política pública, pedagógico, de salud mental. Es el reconocimiento filosófico de que hablamos de iguales, no de superiores e inferiores.

  • Revista Abril 2019

    Derecho Animal

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