Leonora Vicuña Navarro: “Tanto la palabra como la imagen hay que atraparlas”.
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Leonora Vicuña Navarro: “Tanto la palabra como la imagen hay que atraparlas”.
Entrevista de Ramón Díaz Eterovic

Leonora Vicuña Navarro es una destacada poeta y fotógrafa de nuestro país, con publicaciones y exposiciones que han llevado su obra a distintos lugares de Chile y Europa. El año 2010, la editorial Ocholibros publicó el libro “Contrasombras” en el que se puede apreciar una muestra de su obra fotográfica. Desde los años 80’ del siglo pasado y hasta la fecha también ha destacado como una importante animadora de nuestro medio cultural. Jugó un rol significativo en la creación de la Asociación de Fotógrafos Independientes, en la organización de ciclos de poesía y como directora de la revista de poesía “La gota pura” que circuló durante buena parte de los años 80’. Nació en Santiago. Hija de la poeta Eliana Navarro y del poeta José Miguel Vicuña. En largos momentos de su vida residió en Francia y Grecia. Hoy vive en la Región de La Araucanía dedicada a dos de sus grandes pasiones: las fotos y la literatura.


El poeta Manuel Silva Acevedo, Premio Nacional de Literatura, ha dicho que con sus fotos “Vicuña intenta capturar, rescatar del torbellino del tiempo, lo que a todas luces resulta imposible de redimir. Poetas, vagabundos, cantinas, garzones, cartoneros, travestis, ciegos, músicos de bares y demás seres que habitan la marginalidad, el desarraigo y el desamparo emergen por un instante en la frágil memoria del papel fotográfico, aunque su destino final sea la desaparición, la extinción y el olvido”.


En buena parte de su obra fotográfica destacan sus imágenes de poetas y escritores, y las de la ciudad de Santiago de otros tiempos, sus espacios desconocidos y marginales.  En esta entrevista nos habla de su trabajo creativo y de su relación con gatos y otras mascotas.


Clivicia y Morrongo, dos gatos de mi infancia


“Recuerdo dos casas en mi infancia, la primera, en la que nací, en la calle Carlos Martel, cerca del barrio Apoquindo, cuando el lugar aún era un descampado, y la del barrio Seminario donde recuerdo que teníamos una perra llamada Lassie que después de 1964 volvió con nosotros al primer barrio y se perdió. Allí llegó la gata “Clivicia”, que en principio era de mi hermano Rodrigo, si mal no recuerdo, pero que finalmente era la gata de la casa. Y el “Morrongo”, uno de sus hijos, negro y peludo. Nuestro nuevo perro, el “Tom”, un seudo policial pequeño que imitaba a los gatos, se subía a los árboles y a las panderetas y como ellos trataba de permanecer sentado sobre el borde moviendo la cola maullando como felino”.


La historia de una foto de autor desconocido


“Una gata que marcó mi infancia es la que aparece en una estampa fotográfica que aún conservo y que estuvo mucho tiempo en la casa de mi abuela materna. En ella se ve una niña semi recostada, en camisón, abrazada a un gato, sobre una cama de bronce con almohadones y edredones antiguos. Esa foto siempre fue inquietante y fascinante para mí, por la sensualidad de ambos personajes, niña y gato posando y mirando hacia la cámara, muy aparentemente relajados, pero además las proporciones de ambos personajes son especiales, la mano de la niña no parece tan natural. Era particular además porque se trataba de una fotografía, de una reproducción fotográfica y no de una pintura. Y antes no se colgaban fotos en las casas, salvo los retratos de los parientes. Tanto la niña como el gato formaban de algún modo parte de la familia. Desconozco el autor de la fotografía”.


Una gata de tres colores llamada “Sorpresa”.


“Hoy vivo en el campo y tengo dos gatos. Una gata de tres colores que se llama “Sorpresa” y un hermanito de ella, tipo romano, de una segunda saca que se llama “Gato”, pues aún no sé si es él o ella. Tiene apenas tres meses y algo más. La madre de ellos, a quién bauticé “Mañosa”, una gata negra con manchitas blancas en la cara llegó a mi casa el año pasado. Eligió mi casa para parir a sus hijos. Pienso que era primeriza y que se sintió bien, pues no había ningún tipo de animal doméstico. Eligió el invernadero para tener sus crías, pero finalmente a último minuto, las tuvo a la entrada de la casa. Se le cayeron varios que finalmente perdió, solo se salvó la “Sorpresa” que ella escondió durante dos meses, y que de pronto reapareció, por eso se llama así.  “Mañosa” nunca dejó de ser salvaje y nunca quiso que yo me aproximara. Solo se acercaba para reclamar su comida. Siempre le di de comer y traté de hacerme amiga de ella, pero no había caso. Era una gata muy desconfiada, gata de campo, medio salvaje y yo una persona bastante inexperta. Un día me di cuenta de que estaba nuevamente preñada, pero esta vez no supe donde había parido. Simplemente escondió demasiado bien sus gatos. Una mañana, entrando al invernadero encontré a la “Mañosa” muerta. No había sangre, ni heridas aparentes, supongo que fue atropellada en la carretera y que logró llegar apenas a guarecerse. Qué destino triste esta gata, que de algún modo llegó a mi casa para estar tranquila. A los pocos días aparecieron sus nuevas crías, cuatro gatitos que no tenían aún un mes de vida y la “Sorpresa”, como buena hermana mayor se hizo cargo de ellos y me los trajo cerca para que yo me ocupara de ellos”.


Gatos misteriosos, livianos y ágiles.


“Los gatos me gustan, aunque no los comprendo -señala Leonora Vicuña-. Son extremadamente misteriosos, muy livianos y ágiles, muy silenciosos, delicados y salvajes al mismo tiempo. Son criaturas muy frágiles y hermosas. En todo caso mis gatos que considero que no son míos realmente, viven su vida, no entran en casa, solo vienen a comer, pero no dejan que nadie los toque. Tenemos una convivencia particular: A veces permiten que yo permanezca cerca de ellos cuando comen, a veces puedo acercarme un poco y tratar de acariciarlos, pero en general no es posible. Yo les hablo, los llamo, los sirvo y los atiendo. A veces se desaparecen por largas horas. A veces tratan de tocarme con una pata, y me miran como sonriendo, como cerrando los ojos. Me imagino que con todas las personas son iguales, una vez que las adoptan. Yo me siento su esclava. Ellos claro, son animales libres. Van a su aire como dicen los españoles. No te miran ni en más ni en menos. Desde que llegaron estos gatos a mi casa, me siento responsable de ellos”.


Gatos reales y de ficción


De gatos literarios y de ficción, Leonora Vicuña dice recordar a “El gato con botas”, adorado en mi infancia por la astucia sin par del felino. También recuerda la canción de la gatita Carlota, y al gato de Lewis Carroll, con su sonrisa enigmática y su capacidad de aparecer y desaparecer a voluntad”. “Recuerdo también una extraordinaria película checa, “Un día un gato” (1963) donde un gato extraordinario relacionado con un mago y una hermosa joven (Casandra) les cambiaba el color a las personas, mirándolas, y entonces se podían ver quienes mentían, engañaban, quienes estaban enamorados, etc. Un poema visual extraordinario que se puede encontrar en YouTube”.


Conforme a los lugares en los que ha vivido, le pregunto a Leonora por las posibles características especiales de los gatos sureños, los parisinos y los griegos. Respecto a los gatos sureños señala que la mayoría de las personas tienen una relación más bien utilitaria con ellos. “La gente tiene gatos porque hay muchas ratas”. “Los gatos parisinos son muy educados porque suelen tener dueños con departamento, buena comida y buenos modales. Recuerdo poco la existencia de gatos callejeros en París”. “Y en Grecia, donde residí casi un año, había muchísimos gatos en todas partes. La gente los cuidaba mucho. Eran considerados animales sagrados. Y en Gran Bretaña, un amigo me contó que fue invitado al cumpleaños de un gato. Y no era chiste”.


Respetar sus horarios, sus comidas infaltables, su cuidado.


Respecto a la manera de relacionarse con los gatos, Leonora Vicuña considera que “lo mejor es no hacerles mucho caso y dejar que ellos se acerquen solos y te hagan piruetas o mimos como los que hacen. Eso sí es importante respetar sus horarios, sus comidas infaltables, su cuidado. No pasarlos a llevar. A veces es muy complejo este asunto de sus dominios. Y como son discretos hay que evitar ser brusco”.


La gente quiere tener buenos retratos de sus mascotas.


A diario nos encontramos con fotos de gatos, tomadas por sus humanos o por fotógrafos profesionales. Y por eso le preguntó a Leonora si es posible establecer alguna relación entre los gatos y la fotografía profesional. “Es un desafío fotografiar gatos-responde-. Se mueven demasiado rápido, no están nunca quietos, por eso los fotógrafos usan flash lo que permite congelar el movimiento en la imagen, ya que de otro modo quedan movidas o desenfocadas. Y también creo que los gatos son tan hermosos, tan estéticos, únicos, que siempre atraen a fotógrafos en busca de belleza y rareza. Y otra cosa, la gente siempre quiere tener buenos retratos de sus mascotas”.


“Respecto a fotógrafos profesionales que den un lugar destacado a los gatos en su trabajo, recuerdo a Larry Johnson, un fanático de los gatos que se gana la vida fotografiándolos en Estados Unidos. Y antes que él hubo otro fotógrafo norteamericano que hizo magníficas fotografías de gatos: Walter Chandoha. Sus fotos ocuparon las portadas de revistas famosas”.


Gatos, escritura y fotografía


Leonora Vicuña nos comenta que “una primera relación entre escribir y fotografiar es que tanto la palabra como la imagen hay que atraparlas. La escritura y la fotografía son oficios que parecen muy simples desde lejos, pero son bien complejos. Escribo poco, nunca me conformo. Saco también muy pocas fotografías. Estoy más dedicada a leer que es otra forma de escribir y a trabajar con mis archivos fotográficos inéditos”.


Si alguna vez hubo claves en mis imágenes, no lo sé. Creo que me gustaba mucho fotografiar interiores, gente amiga, escenas de intimidad pública, situaciones donde la vida fluye, ocurre. Y poner color a las imágenes, colorearlas, eso me encantaba y aún lo hago. Y en cuanto a la poesía, trato de encontrar las claves de la melancolía, de la pérdida, del devenir y el desaparecer”.


“Hoy trato de rescatar viejos escritos. Me propusieron publicar mis poemas y también quisiera volver a publicar fotografías. Estoy trabajando en mis archivos para ver si es posible hacer un recorrido de vida con mis imágenes, una suerte de diario de vida. Y tal vez, por qué no, hacer un solo libro de texto e imágenes”.