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LITERATURA


Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird)
(Mi padre también se llama Atticus)

Por Gervasio Navío Flores. Escúchalo en La Gran Evasión

«Mi ética proviene de considerar las consecuencias de mis acciones, sobre todo en quienes serán afectados por ellas. Estoy preparado para decir eso; en un sentido, mi ética es una forma de “regla de oro”. La idea de poder decir, “¿cómo te sentirías si esto te lo hicieran a ti?” es fundamental para mi sentido de la ética, porque creo que de eso se trata la ética. Es sobre ir más allá de ti mismo y considerar el efecto que están teniendo tus acciones en los otros.»
              Peter Singer
60 Minutes II (CBS), 20 de Febrero de 2002

Cuando el sexismo fue criticado por primera vez en 1792 por Mary Wollstonecraft (1759-1797) en Vindicación de los derechos de la mujer, el filósofo Thomas Taylor (1758-1835) la ridiculizó señalando que sus argumentos llevados al extremo podrían querer igualar los «brutos» (animales) a los seres humanos. Si el principio de igualdad se podía aplicar a las mujeres, ¿por qué no podría ser aplicado también a perros, gatos y caballos?, se preguntaba Taylor.

      Así comienza el primer capítulo —llamado «Todos los animales son iguales (o porqué el principio ético en el cual descansa la igualdad humana nos obliga a extender igual consideración también a los animales)»— del clásico libro de Peter Singer, Liberación animal. Pero ¿quién es su autor?

     Peter Singer es un filósofo moral (utilitarista) australiano de 72 años, hijo de inmigrantes austríaco-judíos. Tres de sus abuelos fallecieron en los campos de concentración y una de sus abuelas los sobrevivió. Como señala el autor, sus abuelos confiaban mucho en el ser humano —uno de ellos era miembro del círculo cercano a Sigmund Freud— y no quisieron ver lo que pasaba en Europa hasta que fue demasiado tarde. La familia de Singer no era religiosa y él mismo se declaró ateo tempranamente.

      Estudió Leyes, Historia y Filosofía en la Universidad de Melbourne. En Oxford, realizando su doctorado en Filosofía (especialidad por la que había decantado), conoció a un compañero canadiense que no comía carne. Este lo convenció con argumentos sobre la inmoralidad de comer animales, de volverse vegetariano. Tras esta elección, fue presentado a un círculo de estudiantes que también habían optado por este estilo de vida.

          Pasó en Melbourne gran parte de su carrera como profesor hasta que en 1999 se trasladó a vivir a Estados Unidos para dar clases en la Universidad de Princeton. Sus ideas lo hicieron destinatario de numerosas amenazas de muerte —al igual que el presidente de la universidad por haberlo contratado— de sectores conservadores religiosos y de sectores de derecha, quienes consideraban que sus ideas sobre los animales eran una afrenta contra Dios. Singer señalaba en una entrevista a la televisión australiana (2007) que en Estados Unidos hay que tomarse estas amenazas seriamente porque cualquiera puede conseguir un arma, así que él y el presidente debieron tomar ciertas medidas de seguridad

Liberación animal fue publicado originalmente en 1975 y ha sido reeditado numerosas veces. Una de sus principales referencias es el utilitarismo, corriente filosófica inaugurada por el pensador inglés Jeremy Bentham (1748-1832), de acuerdo a la cual debe apuntarse al «mayor bienestar para el mayor número de seres» como única medida de lo correcto o de la conducta ética correcta. La pregunta principal no es —decía Bentham— si los animales pueden razonar o si pueden hablar. La pregunta es si ellos pueden sufrir. Si pueden sufrir (cosa que está establecida), entonces tienen el mismo derecho a la vida y a no recibir tormentos que tienen los Homo sapiens.     

     Los seres humanos han sido reconocidos como iguales pese a no tener todos las mismas capacidades intelectuales o morales, a no pertenecer a los mismos grupos étnicos y a tener diferencias entre los sexos, pero ninguna de estas diferencias justifica que se les pueda tratar de manera diferente en cuanto a sus derechos fundamentales. El principio de igualdad de los seres humanos no es una descripción de una presunta igualdad entre humanos: es una prescripción de cómo debemos tratarlos.

        LSi bien no fue Singer quien acuñó el término especismo, sino el psicólogo británico Richard Ryder (1940), miembro del llamado Grupo de Oxford —de donde surgen los primeros autores dedicados a defender los derechos de los animales—, fue el autor australiano, alumno de este grupo, quién lo difunde y lo vuelve conocido. El especismo se refiere a la discriminación por especie, basándose en los conceptos racismo y sexismo. Si un ser sufre no puede haber justificación moral para rehusarse a tomar ese sufrimiento en consideración. No importa la naturaleza del ser: el principio de igualdad obliga a que el sufrimiento sea considerado de la misma manera que el sufrimiento de cualquier otro ser, sin importar las consideraciones que sobre él puedan hacerse.

     El racismo viola el principio de igualdad al concederle a los intereses de la propia raza un peso mayor que a los de las demás razas. Lo mismo ocurre con el sexismo, en que el machismo niega las mujeres y privilegia los intereses de los hombres. En el caso del especismo, las justificaciones que se dan para permitir el maltrato hacia los animales no humanos es negar —al igual que en los dos casos previos— la igualdad de trato entre especies.

Singer insiste en esto último, pues indica que más que hablar de derechos se debe hablar de igualdad, de la capacidad de sentir dolor y de felicidad. Con esa claridad de conceptos como base, no hay quién pueda argumentar a priori en contra de los derechos de los animales utilizando las controversias sobre la naturaleza del derecho, un tópico que a posteriori ha sido extensamente tratado.

  • REVISTA MAYO 2019

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