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DERECHO ANIMAL


LOS PAPIONES DEL CIRCO LOS TACHUELAS

Por Elba Muñoz, directora del Centro de Rehabilitación y Rescate de Primates de Peñaflor

En agosto de 2016, la fiscal Orietta Galdames, de la Fiscalía Metropolitana Sur, me solicitó, en mi calidad de directora del Centro de Rehabilitación y Rescate de Primates de Peñaflor, que realizara una inspección ocular a quince monos papiones (Papio hamadryas) que el señor Gastón Maluenda, dueño del circo Los Tachuelas, mantenía en una parcela de La Pintana.

Esta visita fue realizada junto al equipo médico veterinario del Centro de Rehabilitación: las doctoras Nicole Rivera y Carolina Farías; el técnico veterinario Juan Luis Núñez; y la comunicadora audiovisual y voluntaria, Andrea Arraño, esta última con el fin de registrar la actividad realizada para que posteriormente no se pudiera tergiversar la participación del personal del Centro en una actuación solicitada por Tribunales. Los monos estaban en pésimas condiciones de hacinamiento y abandono ya que los quince papiones estaban en la misma jaula, sin importarles que hubiera dos madres con crías de un mes de vida, que corrían peligro entre los machos, y una hembra en lamentable estado de desnutrición. Los monos no tenían donde refugiarse del frío porque el dormitorio era una jaula pequeña sin protección, la cual también era utilizada para separar a algún mono del resto. Tampoco tenían protección del calor, pues el piso era de cemento, ni otra sección donde refugiarse. La alimentación era exclusivamente de zanahorias crudas, lo que había provocado tumores en las encías de los monos sin dientes. Como queda registrado por la fotógrafa que recorrió todo el recinto, no había ningún otro tipo de alimento para ellos.
Los papiones fueron trasladados, primero, al Zoológico Nacional en donde fueron evaluados por el equipo médico del recinto (siempre acompañados por las veterinarias del Centro de Rehabilitación) para emitir un informe para la Fiscalía. Fueron examinados, se les tomaron muestras para laboratorio y al día siguiente fueron trasladados a Peñaflor. Cuatro monos estaban en muy malas condiciones de salud y posteriormente fallecieron.
En el Centro, los recién llegados fueron divididos en dos grupos, uno de machos y otro de hembras con sus crías. Se comenzó un plan de rehabilitación físico y psíquico destinado tanto a desarrollar las conductas típicas de la especie como a solucionar los problemas dentales, que eran realmente graves. Algunos monos no tenían más de cinco piezas dentales.
Se realizó un estudio etológico y se descubrió, por las vocalizaciones emitidas por las madres y las crías y las respuestas de dos machos, cuáles eran los padres y se decidió juntar a las familias.

Fue emocionante para nosotros, miembros del Centro de Rehabilitación, observar cómo cada macho abrazó a su cría. Es importante destacar que, aunque copulan con diferentes machos, las hembras tienen preferencia por uno, que es el padre de su cría. Este macho es el encargado de proteger a la hembra y a su cría del resto del grupo cuando habitan libres en la sabana africana, conducta que no podían desarrollar por el hacinamiento que vivían en el circo.
Durante un año fueron tratados por la odontóloga Andrea Valenzuela, quien realizó tratamientos de conducto, de obturación de caries y extracciones de piezas irrecuperablemente dañadas. A cada mono se les insertó un chip para ayudar a su identificación.
El maltrato a los monos papiones del circo Tachuelas ha sido uno de los hechos que más ha impactado en la historia del nuestro Centro, pues demuestra un total abandono por parte del dueño del circo, una ineficiencia de parte de la autoridad fiscalizadora y una desidia de parte del veterinario que supuestamente los controlaba. Por todo esto, considero que no se hizo justicia con la absurda multa que determinó la jueza que llevó el caso. En este punto se debe considerar que el juez no puede otorgar una pena más alta que la solicitada por Fiscalía. Esta es la encargada de la investigación y como la pena en estos casos es baja, el Ministerio Público evita probar la culpabilidad de los hechos.
El resultado es que el señor Maluenda se declaró culpable, fue condenado a pagar una multa ridícula y el mensaje que envía el Ministerio Público es que es gratuito cometer este tipo de delito. En vez de defender un interés jurídico (a la sociedad le interesa que se haga justicia, que se sancione duramente un delito tan abusivo como lo es el maltrato animal para así desincentivar la comisión del mismo) la justicia hizo que prevaleciera el interés procesal. El señor Maluenda es reincidente y eso no fue tomado en cuenta por el fiscal.
Algo importante es que este maltrato ocurrió antes de que entrara en vigencia la Ley Cholito (Ley de Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía), por lo que la penalidad para este tipo de delitos era más baja que la actual.
Los monos papiones llevan en nuestro Centro la mejor vida que pueden tener en cautiverio. Han desarrollado conductas típicas de su especie, salieron de la desnutrición severa, juegan, se acicalan y comen una alimentación variada.

  • Revista Abril 2019

    Derecho Animal

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