¿Qué es el especismo? Revisando Liberación Animal. Segunda Parte
Home » Derecho Animal  »  ¿Qué es el especismo? Revisando Liberación Animal. Segunda Parte
¿Qué es el especismo? Revisando Liberación Animal. Segunda Parte
Por Andrea Orellana

Como ya señalara en la columna «Peter Singer y la Liberación animal», el especismo o dominio del Hombre no es un concepto acuñado por el mismo Singer, sino por Richard Ryder, pero es el australiano quien se ha encargado de transformarlo en uno de los pilares centrales de la teoría animalista. 


«Para acabar con la tiranía primero debemos entenderla», señala Singer en el capítulo cinco de su obra. Prácticas habituales, como las revisadas en otros capítulos del libro, a saber, la experimentación en animales y la existencia de producción en masa de carne de diversas especies, se unen con otras menos masivas pero igual de brutales, como la cacería de animales salvajes y los espectáculos de «entretención» que incluyen la tortura y muerte de un animal, pero no deben ser vistas como aberraciones aisladas (vale aquí el paralelo con los estudios sobre la violencia de Hannah Arendt, en los que analizó el comportamiento de sociedades «psicológicamente sanas» y su participación voluntaria en los genocidios), sino como parte de una manifestación ideológica que no duda en poner a nuestra especie por encima de las demás, haciéndola —entre otras cosas— dueña de la vida y la muerte del resto de los seres vivos. 


Al estudiar de dónde proviene esta visión, se debe acudir al desarrollo intelectual de lo que entendemos como pensamiento occidental, porque es ese finalmente el que nos acaba condicionando, sobre todo a través de la división capitalismo/ socialismo, que sigue pareciendo un clivaje político no superado que además se encontraba en plena vigencia al momento de la publicación de la primera edición del libro (1975). 


Durante siglos, se usaron razones religiosas, morales o metafísicas para justificar las diferencias, pero en el mundo actual, estos argumentos, junto a las ideas precristianas y cristianas (que unieron concepciones griegas con judías) aparecen como obsoletas. 


La Ilustración significó un quiebre en la forma de entender el mundo y del rol que el ser humano tenía en él. Con el Renacimiento, la ciencia reemplaza paulatinamente a la religión y todo medio se vuelve válido para descubrir el funcionamiento del mundo (con lo que llega el fin del misterio). Entra con fuerza la experimentación en animales, basada en el pensamiento cartesiano que niega cualquier dignidad a la vida de estos (René Descartes fue una extraña mezcla: es considerado el non plus ultra del pensamiento moderno y al mismo tiempo fue un devoto cristiano). Este auge de la experimentación comenzará a ser criticado durante la Ilustración por pensadores como Voltaire y Bentham. 


En 1859 se publica El origen de las especies en el que Charles Darwin concluirá que solo somos el resultado de una evolución desde las más primitivas formas de vida, que han logrado cambiar hasta las formas actuales, aunque esas afirmaciones tan concretas solo se permite hacerlas en 1871, en un segundo libro (El origen del hombre), con el que despierta reacciones iracundas en diversos sectores académicos y sociales. 

Con la aceptación de la teoría de Darwin, se alcanza una nueva comprensión de la naturaleza. Solo aquellos que insisten en sobreponer una visión basada en la fe religiosa antes que en la evidencia y en la obra del razonamiento humano, pueden perseverar en la supuesta potestad que tendría el Hombre para permitirse matar a las demás especies. 

A esta revolución intelectual se le debe sumar el crecimiento del sentimiento de humanitarismo hacia todos aquellos que no son exactamente iguales a «nosotros» (entendiéndose por «nosotros» a los hombres caucásicos con recursos económicos): mujeres, afrodescendientes, indígenas, homosexuales, pobres y animales no humanos