Quiero la cabeza de Bram Stoker, cuentos vampíricos, reúne a veintidós autores que revolucionan la literatura local
Home » Literatura  »  Quiero la cabeza de Bram Stoker, cuentos vampíricos, reúne a veintidós autores que revolucionan la literatura local
Quiero la cabeza de Bram Stoker, cuentos vampíricos, reúne a veintidós autores que revolucionan la literatura local
Pablo Rumel e Ignacio Fritz comentan

Quiero la cabeza de Bram Stoker es hermana directa de la antología policial chilena Quiero la cabeza de Sir Arthur Conan Doyle (Contracorriente Ediciones, 2018), también compilada por Ignacio Fritz y Pablo Rumel Espinoza. Ahí donde señalaron que había sangre a raudales, quisieron avanzar un paso más para explorar en las tierras de la hemoglobina y de la muerte.

 

La antología se estructura en cuatro partes: Vampirología chilensis, con relatos ambientados en Chile, no faltando los rituales de pueblos ancestrales, los parajes del norte, las heridas de la dictadura o las reconocibles calles de Santiago. En Los mitos de Drácula, se exploran realidades alternas, mundos del futuro, la fantasía épica de espada y brujería, y el folletín clásico con las infaltables casas embrujadas. La tercera parte, Prosas desde la tumba, agrupa cuentos enmarcados en realidades psicológicas, oníricas y fantasmales, mostrándonos que probablemente el verdadero vampiro no sea otra cosa que una máscara humana sonriente, ocultando tras los tirantes el rostro del mal. El viaje finaliza con Drácula INC. Con ficciones labradas desde fuera de nuestra tierra, para recordarnos que el mito viviente del vampiro es universal.

 

Ignacio Fritz (1979), uno de los antologadores de la obra, respecto a su filiación con lo nocturno y vampírico señala: “Siempre me gustó el crepúsculo, aunque si me preguntan, prefiero el día, por su carácter visible e ilusoriamente ordenado y controlado. Con la noche entras en el abismo y las reglas desaparecen y el fuego arde. Sin embargo, como soy un ser humano finito, prefiero no adentrarme ni venderme al fuego de las tinieblas; ya estoy viejo y la inmortalidad no es una posibilidad. La fatalidad me atrae, pero sé que no, mejor no: ya estuve allí y me di cuenta que no resulta.”

 

Pablo Rumel Espinoza (1983), el otro antologador, rememora imágenes de su infancia. “La primera vez que vi una película con mis padres, fue una de Drácula, por la televisión abierta. Tendríaunos cinco años. Probablemente se tratase de alguna cinta de la Hammer, no lo sé, pero ahí estaba el arquetipo más explotado del mito vampírico, un Drácula señorial, aristócrata, que hipnotizaba a sus víctimas y las seducía como el mejor galán. Algo de su estampa no me cuadraba, que un hombre tan alto y cadavérico, fuera capaz de seducir a sus víctimas, algo siniestro debía existir en su figura, y a mí como niño me costaba entender esa lógica, pues lo terrible venía de lo explícito monstruoso, de lo necrótico”.

 

¿Cuánto de monstruoso, de abominable y demencial subyace en el mito vampírico? A diferencias de otros seres de ultratumba, los vampiros utilizan máscaras amables para camuflarse en entornos humanos, y solo la noche es el límite que pone coto a las ambiciones sanguinarias de aquellos tocados por la “maldición” del infierno. Para Fritz existe una división clara, y lo expresa recordando episodios de su propia biografía:

 

“En una ocasión un poeta de la Generación del 80 me dijo (o nos dijo) que había que ir al infierno y volver intacto. Falacia absoluta. Nadie entra al infierno sin pagar su precio, y si vuelves, ya estás tocado. Friqueado. Puedes fingir cordura y pasar inadvertido, igual. Tal vez algún químico de diseño te ponga en el terreno sólido de la vida diaria y prosaica y lógica, pero los que hemos estado en nuestra propia nación infernal sabemos que estamos marcados, y le tenemos respeto al mundo invisible poblado de lo extraño. La Otredad representada en leyendas como el Caleuche o todo el registro de películas como La noche de los muertos-vivientes, Un hombre-lobo americano en Londres, La danza de los vampiros, El bebé de Rosemary y El exorcista, etc., etc., hicieron de mí un amante y aficionado a lo paranormal.”

 

Rumel Espinoza recuerda que la metáfora de lo vampírico se extendió con mucha antelación en la Europa del siglo XX: “En El Capital de Marx, publicado antes que el Drácula de Bram Stoker, utiliza en muchos pasajes de su libro el símil del vampirismo para describir al capitalismo como extractor de vida, reasignándolo en productos industriales que para él carecían de vitalismo, mercancía que a su vez producía fetichismo entre los consumidores para obtenerla. Pero el espejo deformante de Marx estaba anclado en una época en que la clase obrera estaba totalmente desprotegida y los modos de vida y de trabajo estaban cambiando drásticamente luego de la revolución industrial. Para Marx, la relación entre trabajador y capitalista no estaba cifrada como un intercambio, sino que estaba signada como depredación, pero en un siglo XXI en que las leyes laborales han empujado a cambios y han mejorado la calidad de vida, aquella lógica no tiene ningún sentido. Sin embargo, aún se puede oír a teóricos o a revolucionarios afirmar que la depredación del capitalismo es real; ello comprueba que el poder de los mitos y de las metáforas muchas veces son más fuertes y tienen mayor consistencia que la lógica.”

 

Respecto a la supremacía del realismo en las letras nacionales e hispanoamericanas en general, ambos antologadores exponen sin reparos cuál es su visión del conjunto, y qué vendría a significar una antología de vampiros como la que presentan en un panorama actual. Fritz analiza desde su trinchera:

 

“En un mundo como el de hoy, donde la fantasía es mirada en menos, donde escribir y no encajar y NO formar parte del rebaño es un crimen; donde se quiere cambiar todo para que nada cambie; tal vez la única salida ética, sea recurrir a esa nación inventada de la infancia, repleta de seres “fantásticos”, infernales y literarios. Y si la única forma para entrar en ese imaginario es la escritura; pues bien, escribamos. Escribamos aunque sepamos que pocos nos leerán o entenderán nuestro rollo. Tal vez, por todo esto, convocamos a escritores nacionales y extranjeros para que nos brindaran la oportunidad de publicar sus cuentos sobre vampiros. El campo de batalla suele admitir de todo; todo lo que huela a pólvora en esa nación infernal que construimos cuando destruimos lo anhelado en el subconsciente: ¿amor o muerte? En otras palabras, cuando decidimos sobrevivir a través de la ficción, inventamos e instalamos lo que soñamos cuando peques. Que cada lector se haga su propio mapa.”

 

 

Rumel Espinoza intenta explicar la supuesta supremacía del realismo por sobre lo fantástico:

 

“En nuestra lengua no hubo un romanticismo tan fuerte como el anglosajón o el alemán, y bien sabemos que este movimiento fue un precursor poderoso de toda la imaginería de lo fantástico, que cristalizó en un buen puñado de escritores extraordinarios de aquellas lenguas entre el siglo XIX y el XX. Pero en nuestro ámbito hispano tuvimos algo que aquellos ni soñaron: el barroco y el esperpento, lo monstruoso en Goya, lo carnavalesco en El Quijote, el acercamiento de los místicos españoles y de los poetas del siglo de oro con la muerte: es verdad que el realismo ha prevalecido en nuestras letras, pero llegó el momento de cerrar aquellos círculos, y fracturar las genealogías que han generado la producción literaria de los últimos siglos. Aportar con un grano, con una gota de sangre a la renovación”.

 

Quiero la cabeza de Bram Stoker VV.AA. Páginas: 326 pp. Encuadernación rústica con solapas –  ISBN: 978-956-8854-18-8. Ilustración: Rolancho Rivera -Distribución: Lakomuna contacto@lakomuna.cl