Roser Fort, directora de Centro Arte Alameda: «Yo tengo dos hijos maravillosos, pero mis cinco perros y mi gato también lo son»
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Roser Fort, directora de Centro Arte Alameda: «Yo tengo dos hijos maravillosos, pero mis cinco perros y mi gato también lo son»
Por Silvina Casares

Roser Fort es educadora, gestora cultural y directora del Centro Arte Alameda, mítica sala de cine independiente que durante 27 años ha sido un espacio de difusión para el trabajo de realizadores que, desde sus particulares miradas, rescatan el cine como expresión artística. En esta interesante charla, esta educadora de vocación nos habla de los inicios del Centro Arte Alameda, de los nuevos realizadores chilenos y de su estrecha relación con sus cinco perros y su gato.


Escena underground de los ochenta


«En los ochenta yo hacía clases de educación física en dos colegios, así que estaba alejada del mundo artístico. Pero aun así, sentía una gran fascinación con la movida underground de esa época. Estoy hablando de un momento de mucha represión, toques de queda, donde, sin embargo, había danza, teatro, instalación, música. Una escena que me inquietaba porque me daba cuenta de que existía una gran necesidad de expresión. Como he dicho, soy profesora de educación física, por eso iba a Matucana 19 con buzo. Ahí me vinculé con gente como Patricia Rivadeneira, Vicente Ruiz, quienes reflejan muy bien el espíritu de esa época. Recuerdo hitos importantes que se dieron en ese espacio, como la visita de Christopher Reeve —Superman—, quien vino a defender a los actores chilenos que estaban amenazados de muerte por la dictadura. O el evento 3000 mujeres, donde las mujeres hicieron una olla común, algo muy hermoso, que además fue acompañado con danza y teatro. Esos fueron mis primeros acercamientos al mundo de la cultura. Poco después tuve la oportunidad de ser la relacionadora pública de la editorial que publicó El loro de las siete lenguas, de Jodorowsky. Eso produjo una gran expectativa a nivel nacional, pues hacía muchos años que Jodo no visitaba Chile. Fue un gran acontecimiento, que me acercó al mundo de los periodistas y, claro, también a la psicomagia del gurú».


Comienzos del Centro Arte Alameda


«En el lugar que hoy ocupa el Centro Arte Alameda, estuvo anteriormente el Cine Arte Normandie. Cuando ese cine se trasladó a la calle Tarapacá, el espacio fue recuperado por la Municipalidad de Santiago, que quiso preservar su carácter cultural, para que no se convirtiera en un mall o en una iglesia evangélica, como se tenía pensado. Así que a través de la empresa privada, la Municipalidad generó un proyecto que ganó la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito. Pero como el proyecto era demasiado ambicioso, el cine tomó un rumbo más comercial. Ese enfoque no tuvo el resultado esperado, pues el público relacionaba la sala con el cine arte. Entonces se le ofreció la administración a Luz Pereira, quien ya tenía una sala de cine independiente en el Espacio Cal, de Vitacura. Ella nos invitó a trabajar, a René Naranjo y a mí, en el proyecto. Fue muy interesante porque tuvimos la oportunidad de registrar bodegas en busca películas que nunca habían sido exhibidas. Encontramos joyas como Todas las mañanas del mundo (Alain Corneau, 1991), La leyenda del santo bebedor (Ermanno Olmi, 1988), Las noches salvajes (Cyril Collard, 1992) o Fóllame, dirigida por Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi, una película en la que las protagonistas eran actrices porno y que, sin embargo, era muy feminista. Estoy hablando del año 1995[EVC1] , época en la que existía una fuerte censura y en donde se vetaban hasta las películas de Almodóvar. Si exhibías ciertas películas estabas cometiendo realmente un ilícito. Por eso fue muy impresionante tener un cartel en la marquesina con la palabra Fóllame».


Nuevos realizadores chilenos


«Los nuevos realizadores buscan narrar desde la denuncia y desde lo personal, acercándose mucho a los protagonistas de sus historias. Están interesados en la diversidad sexual, en la protección de la infancia y también en la de los animales, como lo demuestra el documental Los reyes (2019), de Bettina Perut e Iván Osnovikoff, sobre dos perros que viven en el Parque de Los reyes, y que acaba de estrenarse. Hay cineastas emergentes, muy interesantes, como Joanna Reposi, directora del documental Lemebel (2019), quien entrega una visión muy personal del personaje, lo cual me parece válido, pues el documental puede omitir ciertos pasajes para resaltar otros, dependiendo de la mirada del autor. También está Juan Cáceres, director de Perro bomba (2019), una película mínima, de resistencia, filmada sin permisos y con migrantes. Un trabajo realizado con mucho arrojo, que quedó redondo y que nos muestra una banda musical de rancheras llamada Los haitianos del sur; una fusión alucinante, donde vemos a estos migrantes interpretar la música que escuchan sus pares y que es maravillosa de ver. Otro caso a destacar es el de los cineastas José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola, que trabajan juntos y que hacen documentales bien duros. Ellos filmaron el Pejesapo (2007) y ganaron el Sanfic con Harley Quinn (2019). Me gusta su cine porque tiene una visión crítica hacia nuestra sociedad y al valor de lo material».


Educación en el Centro Arte Alameda


«Hay muchas películas nacionales relacionadas con la literatura, pero lamentablemente el público ha visto muy pocas, salvo Neruda (Pablo Larraín, 2016) y otros productos pensados para salir de Chile. Nosotros hicimos un ciclo de cine y poesía, donde incluimos documentales sobre Stella Díaz Varín, Nicanor Parra y otros que nunca se habían mostrado en cine. Como educadora y gestora cultural, pienso que sería favorable para los exhibidores que estas películas, de carácter educativo, estuvieran aglutinadas en un catastro, de modo de poder invitar a los profesores a que asistan al cine con sus alumnos. Y es que es más atractivo que los cabros vean películas en una sala de cine, donde el sonido y la imagen son las adecuadas para poder generar una buena experiencia. Lamentablemente, los profesores no quieren sacar a sus alumnos de la sala de clases y esto va de la mano con los tiempos que corren, pues todo el mundo quiere llegar a su casa lo más pronto posible, lo que es comprensible. Antiguamente, las actividades extraprogramáticas eran lo más entretenido del mundo, pues un solo día fuera de clases enriquecía el aula durante toda una semana. Yo no quiero que eso se pierda, por eso me encanta cuando las escuelas quieren visitar nuestro cine. Les hacemos precios especiales. Queremos generar muchas más alternativas en ese sentido. Hay que formar audiencias y desde más chicos, mejor».


Animales

«Mi catalana madre era una mujer muy esforzada y tenía un jardín con pasto y flores. Ahí teníamos al Rock, un perro con el que nos relacionábamos de forma distinta a como ocurre ahora, pues él era un perro guardián. Por esta razón, en ese tiempo, mi lazo con los animales era más bien distante. Eso cambió radicalmente cuando me casé y tuve mi primera casa, pues viví con veinte gatos y diez perros. Desde entonces, tengo un vínculo de amistad con los animales y el amor que siento por ellos es indescriptible. Me gusta llegar a casa para reencontrarme con ellos, para saludarlos y sentir cómo estuvieron durante el día. Ellos son parte de mi vida. Y también son parte del cine, pues se ha instaurado que el equipo pueda asistir a trabajar con sus animales. Es un espacio pet friendly. Yo tengo dos hijos maravillosos, pero mis cinco perros y mi gato también lo son».